Reflejo perdido


Mírate al espejo, mírate bien.
Ve esos ojos que brillan, esa piel que respira,
las manos que acarician el aire,
el hogar que te rodea sin que lo notes.

A veces nos perdemos en lo trivial,
en lo que no importa,
en las palabras vacías que nos susurran
y olvidamos lo que tenemos frente a nosotros.

Hay una familia que te envuelve,
un cariño que te abraza cada día,
el susurro de un ser querido que te dice: "todo estará bien".
El techo sobre tu cabeza,
la mesa que te espera,
el sol que te acaricia al despertar.

Pero, si miras más allá,
hay quienes ya no conocen esos abrazos,
ni el calor de un hogar,
ni la sonrisa de un hijo corriendo hacia ellos.
Hay quienes se levantan sin esperanza,
quienes ya no tienen lo que tú ni siquiera ves.

Algunos caminan descalzos sobre el frío suelo,
con el hambre marcado en sus estómagos vacíos,
sin más que el viento cortándoles la piel,
y el eco de una voz que ya no les llama.
Madres que lloran en silencio,
sosteniendo en brazos un sueño muerto,
y hombres, con la mirada perdida,
que no tienen fuerzas para abrazar.

Ojos que ya no saben qué es un futuro,
manos abiertas buscando algo que jamás llega,
y cuerpos que caen, agotados por la vida
sin lugar donde descansar.
Y en sus corazones, solo queda un eco lejano
de lo que alguna vez fue amor.

A veces olvidamos cuánto valemos,
y cómo otros desearían tener nuestra vida,
vivir lo que a nosotros nos parece simple.
Y sin darnos cuenta,
un día todo se esfuma,
y nos quedamos mirando, buscando algo que ya no existe.

Mírate al espejo…
Lo que ves ahora,
podría no estar mañana.
Yo lo perdí todo,
y ni el reflejo de lo que fui quedó.
Mi imagen se desvaneció,
como una sombra que se desvanece al sol.
Y ahora, lo único que tengo es el vacío de un reflejo perdido,
el eco de una vida que se deshizo sin aviso.

El silencio se adueña de todo,
un silencio profundo y desolador,
sin llama que ilumine la oscuridad,
sin latido que rompa la quietud.
Solo queda el vacío,
la fría certeza de la pérdida total,
un reflejo perdido en la nada,
para siempre.

Pero tal vez, solo tal vez
en algún rincón olvidado, quede una pequeña chispa,
un vestigio de lo que alguna vez fue luz,
un suspiro que se niega a extinguirse.
Porque, aunque todo se haya desvanecido,
quedará la memoria de lo vivido,
como una huella, tenue pero eterna,
en las sombras del alma.


Jorge Kagiagian 

Dedicado a Ivana S.

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