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Abril  

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Una noche tomó sus cosas y se fue, mi indiferencia lo permitió.
Se fue, no miró atrás... solo se fue.
Y yo allí, sabiendo que no volvería.
Nada hice para evitarlo.

Ya no está pero aún así me acosa el dulce de sus besos
Besos que se fueron también esa misma noche.
Su voz, su cariño, sus enojos, su aroma de mujer; todo se fue....
Nada hice para evitarlo. Esa es mi culpa y mi castigo.

A veces oigo sus pasos, otras veces su respirar
Durante las tardes, las notas de su guitarra. Esa guitarra que ya no sueña,
Esa misma que decía: “Yo quiero estar con vos”, hoy calla.
Y que como yo, inmóvil, aguarda sus caricias…

Sin mi orgullo, sin mi condenado orgullo fui tras ella…
Pero tarde, como siempre tarde…
Frente a la misma cama donde nos amamos
sólo pude encogerme en el hueco casi fantasmal que ella olvidó…

Una noche tomó sus cosas y se fue, mi indiferencia lo permitió.
Y yo aquí extrañándola, sabiendo que jamás volverá.

Jorge Kagiagian

Entrevista al Creador de Soybueno  

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Gracias a mis trabajos literarios tuve la fortuna de conocer algunos artistas muy interesantes. Me gustaría hablar sobre uno de ellos Fernando K., creador de Soybueno, un personaje tierno y gentil en un mundo que no lo es.
Creo que muchos podemos sentirnos identificados con él; por esa razón, quise saber un poco más.

Muerte de Otoño (Jorge Kagiagian)  

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El suicidio se presento ansioso; cruel amante, atroz y monstruoso…
la mano queda teñida de sangre y el piso cubierto de muerte…
El amor como conquistador destruyendo todo
y el miedo transformado en desesperación devorando el resto.

La angustia del todo soñado frente a la nada alcanzada deja lánguida las almas
Y la injuria clavándose en el pecho como un arma punzante
mientras la tristeza se transforma en lágrima, el corazón lo hace en roca.

Fue tanto el daño que nos hicimos que ya no importa quien es el culpable.
Y así como la gota que cae en el arroyo y el arroyo que se pierde en el río y el río en el mar
así mi amor y mi recuerdo desaparecerá de tu memoria para quedar finalmente en el olvido.

Jorge Kagiagian

Conducta en los velorios (Julio Cortazar)  

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No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese diálogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio esté a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente.

Poema Negro (Claudio de Alas)  

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Cuando moría me abrazó, y con voz quebrada y lastimera, me dijo que en recuerdo de este amor me dejaba su blanca calavera, que la robara de su propia tumba y que en mis horas alegres o de duelo, su espíritu vendría desde el cielo y a través de ella me vería. Y el tiempo pasó, siento su voz reclamándome "Cumple tu promesa!"

La vergüenza de ser argentino: Ley 11825, Restricciones sobre bebidas alcohólicas  

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"Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar
que todo esta perdido y que hay que empezar de nuevo".
Julio Cortázar

Como todas las notas de la serie “La vergüenza de ser argentino”, será intencionalmente breve y clara para su rápida lectura.

Presentaré el porque esta ley (y otras de las mismas características) es vergonzosa para un gobierno democrático y porque manifiesta la principal característica del argentino: el más triste facilismo, esa trampa tentadora de consecuencias a largo plazo.

Enfrenamientos violentos, vandalismo, vómitos, desmayos, comas alcohólicos y vergonzosas escenas en la vía publica; menores y mayores de edad como participes y testigos promovieron la creación de la Ley 11825. Una ley de las tantas en la República Argentina (que ni es una república y el argentum se lo llevan al exterior) que ataca de forma directa las libertades individuales; porque parece mas fácil prohibir que diseñar una solución eficaz y que sanee el problema de forma definitiva.

Las ruinas circulares (Jorge Luis Borges)  

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Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza.

La escritura de Dios (Jorge Luis Borges)  

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La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto,, y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.

El Zahir (Jorge Luis Borges)  

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A Wally Zenner


En Buenos Aires el Zahir es una moneda común de veinte centavos; marcas de navaja o de cortaplumas rayan las letras N T y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el anverso. (En Guzerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la mezquita de Surakarta, a quien lapidaron los fieles; en Persia, un astrolabio que Nadir Shah hizo arrojar al fondo del mar; en las prisiones de Mahdí, hacia 1892, una pequeña brújula que Rudolf Carl von Slatin tocó, envuelta en un jirón de turbante; en la aljarra de Córdoba, según Zotenberg, una veta en el mármol de uno de los mil doscientos pilares; en la judería de Tetuán, el fondo de un pozo.) Hoy es el trece de noviembre; el día siete de junio, a la madrugada llegó a mis manos el Zahir; no soy el que era entonces pero aún me es dado recordar; y acaso referir, lo ocurrido. Aún, siquiera parcialmente, soy Borges.

Dolor y despedida  

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Si nuestros caminos
No se cruzan
Y si mis años jamás rozan tu piel
Y mi boca jamás te besa
Y mis sueños jamás se hacen realidad
Y esta vacía soledad me vence
Te pido que me dejes con este dolor
que sin él no hay nada

Anónimo



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Biografía apócrifa

Biografía Apócrifa

Nacido en el momento y lugar equivocados.
Educado bajo un rígido sistema de valores que colapsarían tempranamente dejándome a la deriva, sin moral alguna. Continuaría navegando sin rumbo destrozando todo lo que era… Renunciando a dios y a la sociedad, encerrado en un estado demente: el autismo sería el único amigo de mi mente enferma.
La esperanza habría de golpear la puerta de mi hogar. Pero ya he aprendido; eternamente se repetirá y tendrá mil caras diferentes pero que siempre se convertirá en decepción. Aquel viejo amor regresará y luego de la traición partirá sonriente... y mis lágrimas caerán sobre el papel para convertirse en letra y en poesía.

Mientas tanto, sin rumbo, sigo desafiando al olvido con mi risa irónica, resistiéndome a destruirlo todo para poder seguir narrando los reflejos de un alma perturbada...
los reflejos de mi alma.

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