Jinete Maldito


En los confines sombríos del azar funesto,
aprisionado en el ruego del avieso conjuro,
impávido castigo, yugo opresor,
azota como jinete maldito.

Todas las noches son la misma;
ilusión tramposa de un espejo macabro.
Sirviendo al demonio maldito de carne propia.

Un eterno olvido embriaga ausencias,
lucen frívolas naderías,
desorientada existencia,
colmada de nadas, rebosando vacíos.

Cual cadáver desangrado, arrastro cruces como pasos,
sin vida ni destino en sendero mortuorio.
Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos,
al firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan mi cordura,
regocijadas en sufrimientos sin tregua.
El compás de tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, compañía sin ruego.

Dolor perpetuo, implacable, eterno,
en ciclo vicioso de ajena redención.
En cada tumba yace dolor,
malditas criaturas compañía de pena.

¡Irrompible hechizo opresor,
carga que al ser corroe!
Mas, atrapado en danza de horror,
donde vida y muerte se entrelazan amantes.

La sombra helada susurra malditos estertores
y el pesimismo seductor
engaña los venideros.

Cada verso futuro, eco de abismos descarnados,
reflejo oscuro, sin piedad,
a tajos me devora.

Cuando el cielo de la noche descansa, la oscuridad simula tregua,
Un brillo resplandece como alivio sanador,
más, en la sombra,
el perverso jinete prepara un azote traidor.

Disfrazado, regresará sonriente,
ocultando la fusta y las espuelas agudas.
En su rostro,
la astucia paciente de un ser maldito.

Así, errante en propio laberinto,
marchitando tiempo en lamentos sempiternos.
En tumba abierta, me sumerjo
en la dantesca negrura de soles muertos y callados.

En oscuridad, condena,
obra maldita de manos propias.
Mi cuerpo devasto, cobijando demonios,
como cadáver andante,
sin alma, sin descanso.

Jorge Kagiagian



Versión 13

En los confines sombríos del azar funesto,
aprisionado en el ruego del avieso conjuro,
impávido castigo, yugo opresor,
azota como jinete maldito.

Todas las noches son la misma;
ilusión tramposa de un espejo macabro. 
Sirviendo al demonio maldito de carne propia.
Un eterno olvido embriaga ausencias,
lucen frívolas naderías,
desorientada existencia,
colmada de nadas, rebosando vacíos.

Cual cadáver desangrado, arrastro cruces como pasos,
sin vida ni destino en sendero mortuorio.
Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos,
al firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan mi cordura,
regocijadas en sufrimientos sin tregua.
El compás de tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, compañía sin ruego.

Dolor perpetuo, implacable, eterno,
en ciclo vicioso de ajena redención.
En cada tumba yace dolor,
malditas criaturas compañía de pena.

¡Irrompible hechizo opresor,
carga que al ser corroe!
Mas, atrapado en danza de horror,
donde vida y muerte se entrelazan amantes.

La sombra helada susurra malditos estertores
y el pesimismo seductor
engaña los venideros.
Cada verso futuro, eco de abismos descarnados,
reflejo oscuro, sin piedad,
a tajos me devora.

Cuando el cielo de la noche descansa, la oscuridad simula tregua,
Un brillo resplandece como alivio sanador, 
más, en la sombra,
el perverso jinete prepara un azote traidor. 
Disfrazado, regresará sonriente,
ocultando la fusta y las espuelas agudas. 
En su rostro,
la astucia paciente de un ser maldito. 

Así, errante en propio laberinto,
marchitando tiempo en lamentos sempiternos.
En tumba abierta, me sumerjo
en la dantesca negrura de soles muertos y callados.

En oscuridad, condena,
obra maldita de manos propias.
Mi cuerpo devasto, cobijando demonios,
como cadáver andante,
sin alma, sin descanso.

Jorge Kagiagian


Versión 12

En los confines sombríos del azar funesto,
aprisionado en el ruego del avieso conjuro,
impávido castigo, yugo opresor,
azota como jinete maldito.

Todas las noches son la misma;
ilusión tramposa de un espejo macabro. 
Sirviendo al demonio maldito de carne propia.
Un eterno olvido embriaga ausencias,
lucen frívolas naderías,
desorientada existencia,
colmada de nadas, rebosando vacíos.

Cual cadáver desangrado, arrastró cruces como pasos,
sin vida ni destino en sendero mortuorio.
Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos,
al firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan mi cordura,
regocijadas en sufrimientos sin tregua.
Compás de tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, compañía sin ruego.

Dolor perpetuo, implacable, eterno,
en ciclo vicioso de ajena redención.
En cada tumba yace dolor,
malditas criaturas compañía de pena.

¡Irrompible hechizo opresor,
carga que al ser corroe!
Mas, atrapado en danza de horror,
donde vida y muerte se entrelazan amantes.

La sombra helada susurra malditos estertores
y el pesimismo seductor
engaña los venideros.
Cada verso futuro, eco de abismos descarnados,
reflejo oscuro, sin piedad,
a tajos me devora.

Así, errante en propio laberinto,
marchitando tiempo en lamentos sempiternos.
En tumba abierta, me sumerjo
en la dantesca negrura de soles muertos y callados.

En oscuridad, condena,
obra maldita de manos propias.
Mi cuerpo devasto, cobijando demonios,
como cadáver andante,
sin alma, sin descanso.

Jorge Kagiagian


Versión 11



Jinete Maldito


En los confines sombríos del azar funesto,

aprisionado en el ruego del avieso conjuro,

impávido castigo, yugo opresor,

azota como jinete maldito.


Todas las noches son la misma,

ilusión tramposa de un espejo macabro,

sirviendo al demonio maldito de carne propia.

Un eterno olvido embriaga ausencias,

lucen frívolas naderías,

desorientada existencia,

colmada de nadas, rebosando vacíos.


Cual cadáver desangrado, arrastro pasos,

sin vida ni destino en sendero mortuorio.

Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos,

al firmamento lejano, más glorioso y notorio.


Carcajadas infernales acosan cordura,

regocijadas en sufrimiento sin tregua.

Compás de tumba no hace más que aumentar,

seres malditos y yertos, compañía sin ruego.


Dolor perpetuo, implacable, eterno,

en ciclo vicioso de ajena redención.

En cada tumba yace dolor,

malditas criaturas padecen mi pena.


¡Irrompible hechizo opresor,

carga que al ser corroe!

Mas, atrapado en danza de horror,

donde vida y muerte se entrelazan amantes.


La sombra helada susurra malditos estertores,

y el pesimismo seductor

engaña los venideros.

Cada verso futuro, eco de abismo descarnado,

reflejo oscuro, sin piedad,

a tajos me devora.


Así, errante en propio laberinto,

marchitando tiempo en lamentos sempiternos.

En tumba abierta, me sumerjo

en la dantesca negrura de soles muertos y callados.


En oscuridad, condena,

obra maldita de manos propias.

Mi cuerpo devasto, cobijando demonios,

como cadáver andante,

sin alma, sin descanso.


Jorge Kagiagian

Versión 11


En los confines sombríos del azar funesto, aprisionado en el ruego del avieso conjuro, impávido castigo, yugo opresor, azota como jinete maldito. Todas las noches son la misma,

ilusión tramposa de un espejo macabro, Sirviendo al demonio maldito de carne propia. Un eterno olvido embriaga ausencias, lucen frívolas naderías desorientada existencia, colmada de nadas, rebosando vacíos. Cual cadáver desangrado, arrastro pasos, sin vida ni destino en sendero mortuorio. Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos, al firmamento lejano, más glorioso y notorio. Carcajadas infernales acosan cordura, regocijadas en sufrimiento sin tregua. Compás de tumba no hace más que aumentar, seres malditos y yertos, compañía sin ruego. Dolor perpetuo, implacable, eterno, en ciclo vicioso de ajena redención. En cada tumba yace dolor, malditas criaturas padecen mi pena. ¡Irrompible hechizo opresor, carga que al ser corroe! Mas, atrapado en danza de horror, donde vida y muerte se entrelazan amantes. La sombra helada susurra malditos estertores, y el pesimismo seductor engaña los venideros. Cada verso futuro, eco de abismo descarnado, reflejo oscuro, sin piedad, a tajos me devora. Así, errante en propio laberinto, marchitando tiempo en lamentos sempiternos. En tumba abierta, me sumerjo dantesca negrura de soles muertos y callados. En oscuridad, condena, obra maldita de manos propias. Mi cuerpo devasto cobijando demonios, como cadáver andante, sin alma, sin descanso. Jorge Kagiagian



Versión 10


Jinete Maldito En los confines sombríos del azar funesto, aprisionado en el ruego del avieso conjuro, impávido castigo, yugo opresor, azota como jinete maldito. Todas las noches, noches todas, nutro al maldito demonio de carne propia. Un eterno olvido embriaga ausencias, lucen frívolas naderías desorientada existencia, colmada de nadas, rebosando vacíos. Cual cadáver desangrado, arrastro pasos, sin vida ni destino en sendero mortuorio. Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos, al firmamento lejano, más glorioso y notorio. Carcajadas infernales acosan cordura, regocijadas en sufrimiento sin tregua. Compás de tumba no hace más que aumentar, seres malditos y yertos, compañía sin ruego. Dolor perpetuo, implacable, eterno, en ciclo vicioso de ajena redención. En cada tumba yace dolor, malditas criaturas padecen mi pena. ¡Irrompible hechizo opresor, carga que al ser corroe! Mas, atrapado en danza del horror, donde vida y muerte se entrelazan amantes. Sombra helada susurra malditos estertores, Seductor pesimismo engaña venideros. Cada verso futuro, eco de abismo descarnado, reflejo oscuro, sin piedad, a tajos me devora. Así, errante en propio laberinto, marchitando tiempo en lamentos sempiternos. En tumba abierta, me sumerjo en dantesca negrura de soles muertos y callados. En oscuridad, condena, obra maldita de manos propias. Mi cuerpo devasto cobijando demonios, como cadáver andante, sin alma ni descanso. Jorge Kagiagian



Versión 9


Jinete Maldito


En los confines sombríos

del azar funesto,

aprisionado en el ruego

del avieso conjuro,

impávido castigo,

yugo opresor,

azota cual jinete maldito.


Todas las noches,

noches todas,

nutro al maldito demonio

de carne propia.

Un eterno olvido

embriaga ausencias,

lucen frívolas naderías

de desorientada existencia,

colmada de nadas,

rebosando vacíos.


Cual cadáver desangrado,

arrastro pasos,

sin vida ni destino

en sendero mortuorio.

Desde abismo hondo,

alzo lacerados ojos,

al firmamento lejano,

más glorioso y notorio.


Carcajadas infernales

acosan cordura,

regocijadas

en sufrimiento sin tregua.

Compás de tumba

no hace más que aumentar,

seres malditos y yertos,

compañía sin ruego.


Dolor perpetuo, 

implacable, eterno,

en ciclo vicioso 

de ajena redención.

En cada tumba

yace dolor,

malditas criaturas

padecen mi pena.


¡Irrompible hechizo opresor,

carga que al ser corroe!

Mas, atrapado

en danza del horror,

donde vida y muerte

se entrelazan amantes.


Sombra helada 

susurra malditos estertores,

Seductor pesimismo

engaña venideros.

Cada verso futuro,

eco de abismo descarnado,

reflejo oscuro, sin piedad,

a tajos me devora.


Así, errante en propio laberinto,

marchitando tiempo

en lamentos sempiternos.

En tumba abierta, 

me sumerjo en dantesca negrura

de soles muertos y callados.


En oscuridad, condena,

obra maldita de manos propias.

Mi cuerpo devasto

cobijando demonios,

como cadáver andante,

sin alma ni descanso.


Jorge Kagiagian


Versión 8

Jinete Maldito

En los confines sombríos del azar funesto,
aprisionado en el ruego del avieso conjuro,
impávido castigo, yugo opresor,
azota cual jinete maldito.

Todas las noches, noches todas,
nutro al maldito demonio de carne propia.
Un eterno olvido embriaga ausencias,
lucen frívolas naderías
de desorientada existencia,
colmada de nadas, rebosando vacíos.

Cual cadáver desangrado, arrastro pasos,
sin vida ni destino en sendero mortuorio.
Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos,
al firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan cordura,
regocijadas en sufrimiento sin tregua.
Compás de tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, compañía sin ruego.

Dolor perpetuo, implacable, eterno,
en ciclo vicioso de ajena redención.
En cada tumba yace dolor,
malditas criaturas padecen mi pena.

¡Irrompible hechizo opresor,
carga que al ser corroe!
Mas, atrapado en danza del horror,
donde vida y muerte se entrelazan amantes.

Sombra helada susurra malditos estertores,
Seductor pesimismo
engaña venideros.
Cada verso futuro, eco de abismo descarnado,
reflejo oscuro, sin piedad,
a tajos me devora.

Así, errante en propio laberinto,
marchitando tiempo en lamentos sempiternos.
En tumba abierta, me sumerjo
en dantesca negrura de soles muertos y callados.

En oscuridad, condena,
obra maldita de manos propias.
Mi cuerpo devasto cobijando demonios,
como cadáver andante, sin alma ni descanso.

Jorge Kagiagian

Versión  7

Jinete Maldito

En los confines sombríos del azar funesto,
aprisionado en el ruego del avieso conjuro,
impávido castigo, yugo opresor ,
azota cual jinete maldito.

Todas las noches, noches todas,
nutro al maldito demonio de carne propia.
Un eterno olvido embriaga ausencias,
lucen frívolas naderías
de desorientada existencia,
colmada de nadas, rebosando vacíos.

Cual cadáver desangrado, arrastro pasos,
sin vida ni destino en sendero mortuorio.
Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos,
al firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan cordura,
regocijadas en sufrimiento sin tregua.
Compás de tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, compañía sin ruego.

Dolor perpetuo, implacable, eterno,
en ciclo vicioso de ajena redención.
En cada tumba yace dolor,
malditas criaturas padecen mi pena.

¡Irrompible hechizo opresor,
carga que al ser corroe!
Mas, atrapado en danza del horror,
donde vida y muerte se entrelazan amantes.

Sombra helada susurra malditos estertores,
Seductor pesimismo
engaña venideros.
Cada verso futuro, eco de abismo descarnado,
reflejo oscuro, sin piedad,
a tajos me devora.

Así, errante en propio laberinto,
marchitando tiempo en lamentos sempiternos.
En tumba abierta, me sumerjo
en dantesca negrura de soles muertos y callados.

En oscuridad, condena,
obra maldita de manos propias.
Mi cuerpo devasto cobijando demonios,
como cadáver andante, sin alma, sin descanso.

Jorge Kagiagian


Versión  6

En los confines sombríos del azar funesto,
aprisionado en el ruego del avieso conjuro,
impávido castigo, cruento yugo,
azota cual jinete maldito.

Todas las noches, noches todas,
nutro al maldito demonio de carne propia.
Un eterno olvido embriaga ausencias,
lucen frívolas naderías
de desorientada existencia,
colmada de nadas, rebosando vacíos.

Cual cadáver desangrado, arrastro mis pasos,
sin vida ni destino en sendero mortuorio.
Desde abismo hondo, alzo lacerados ojos,
al firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan mi cordura,
regocijadas en sufrimiento sin tregua.
Compás de tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, compañía sin ruego.

Dolor perpetuo, implacable, eterno,
en ciclo vicioso de ajena redención.
En cada tumba yace dolor,
malditas criaturas padecen mi pena.

¡Irrompible hechizo opresor,
carga que al ser corroe!
Mas, atrapado en danza del horror,
donde vida y muerte se entrelazan amantes.

Sombra helada susurra malditos estertores,
Seductor pesimismo
engaña venideros.
Cada verso, eco de abismo descarnado,
reflejo oscuro, sin piedad,
a tajos devora.

Así prosigo, errante en propio laberinto,
marchitando tiempo en lamentos sempiternos.
En tumba abierta, me sumerjo
en dantesca negrura de soles eternos y callados.

En oscuridad, condena,
obra maldita de manos propias.
Mi cuerpo devasto cobijando demonios,
como cadáver andante, sin alma, sin descanso.

Jorge Kagiagian


Versión 5

En los confines sombríos del azar funesto,
aprisionado en el ruego del avieso conjuro, castigo cruel, 
azota como jinete maldito.

Todas las noches, noches todas,
nutro al maldito demonio de carne propia.
Un eterno olvido embriaga ausencias,
lucen frívolas naderías
de desorientada existencia,
colmada de nadas rebosando vacíos.

Cual cadáver desangrado, arrastro mis pasos,
sin vida ni destino en sendero mortuorio.
Desde abismo hondo, alzo mis ojos lacerados,
al firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan cordura,
regocijadas en sufrimiento sin tregua.
Compás de tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, compañía sin ruego.

Dolor perpetuo, implacable, eterno,
en ciclo vicioso de ajena redención.
En cada tumba yace dolor,
malditas criaturas padecen mi pena.

¡Irrompible hechizo opresor,
carga que ser corroe!
Mas, atrapado en danza del horror,
donde vida y muerte se entrelazan amantes.

Sombra me cubre con abrazo helado,
y pesimismo habita ser.
Cada verso, eco de abismo descarnado,
reflejo oscuro, sin piedad, devora ser.

Así prosigo, errante en propio laberinto,
marchitando tiempo en lamentos sempiternos.
En tumba abierta, me sumerjo
en dantesca negrura de soles eternos.

En oscuridad, condena,
obra maldita de manos propias.
Mi cuerpo desgasto alimentando demonios,
como cadáver andante, sin alma, sin descanso.

Jorge Kagiagian

Versión 4
En oscuros confines del azar funesto,
prisionero del pedido, conjuro meticuloso,
azota como jinete maldito.

Todas las noches, noches todas,
nutro al maldito demonio de carne propia.
Un eterno olvido embriaga ausencias,
lucen frívolas naderías
de desorientada existencia,
colmada de nadas rebosando vacíos.

Cual cadáver desangrado, arrastro pasos,
sin vida ni destino en sendero mortuorio.
Desde abismo hondo, alzo ojos, ya no ven,
al firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan cordura,
regocijadas en sufrimiento sin tregua.
Compás de tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, compañía sin ruego.

Dolor perpetúa, implacable, eterno,
en ciclo vicioso de ajena redención.
En cada tumba yace dolor,
malditas criaturas padecen mi pena.

¡Irrompible hechizo opresor,
carga que ser corroe!
Mas, atrapado en danza del horror,
donde vida y muerte se entrelazan amantes.

Sombra me cubre con abrazo helado,
y pesimismo habita ser.
Cada verso, eco de abismo descarnado,
reflejo oscuro, sin piedad, devora ser.

Así prosigo, errante en propio laberinto,
marchitando tiempo en lamentos sempiternos.
En tumba abierta, me sumerjo
en dantesca negrura de soles eternos.

En oscuridad, condena,
creación maldita de manos propias.
Mis días desgasto alimentando demonios,
como cadáver andante, sin alma, sin descanso.

Jorge Kagiagian


Evolución del poema

Versión 3

En confines sombríos del destino triste,
aprisionado en el ruego, conjuro meticuloso,
cabalgo como un jinete maldito.

Cada noche, todas las noches,
alimento al demonio maldito de carne propia.
Un olvido eterno empapa ausencias,
resaltan frivolidades banales
de existencia desorientada,
repleta de nadas que rebosan vacíos.

Como cadáver desangrado, arrastro mis pasos,
sin vida ni rumbo en un sendero mortuorio.
Desde el abismo profundo, alzo mis ojos, que ya no ven,
hacia el firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales acosan mi cordura,
regocijándose en el sufrimiento sin tregua.
El compás de una tumba solo aumenta,
seres malditos y yacentes, compañía sin ruego.

El dolor perpetúa, implacable, eterno,
en un ciclo vicioso de redención ajena.
En cada sepulcro yace dolor,
criaturas malditas padecen mi pena.

Hechizo opresor, irrompible,
carga que corroe el ser.
Mas atrapado en la danza del horror,
donde vida y muerte amantes se entrelazan.

Una sombra me envuelve con abrazo helado,
y el pesimismo habita en mí.
Cada verso, eco de un abismo descarnado,
reflejo oscuro que sin piedad devora al ser.

Así continúo, errante en mi propio laberinto,
consumiendo el tiempo en lamentos sempiternos.
En una tumba abierta, me sumerjo
en la negrura dantesca de soles eternos.

En la oscuridad, la condena persiste,
creación maldita de mis propias manos.
Mis días se desgastan alimentando demonios,
como un cadáver ambulante, sin alma, sin descanso.

Versión 2

Prisionero 

En los oscuros confines del azar funesto,
prisionero del pedido conjuro qué
supe labrar 

Días y noches, nutro a los demonios con mi carne propia,
un eterno olvido 
Como embriagado de ausencias 
Luciendo una existencia 
De nadas

Cual cadáver desangrado, arrastro mis pasos,
sin vida y sin fuerza en sendero mortuorio.
Desde el abismo hondo, alzo mis ojos lacerados,
pero el firmamento lejano, más glorioso y notorio.

Carcajadas infernales resuenan sin cesar,
regocijándose en mi sufrimiento sin tregua.
El compás de la tumba no hace más que aumentar,
seres malditos y yertos, mi compañía sin ruega.

El dolor se perpetúa, implacable, eterno,
en un ciclo vicioso de redención ajena.
En cada tumba yace el dolor del universo,
malditas criaturas padecen mi misma pena.

¡Oh, si pudiera romper este hechizo opresor,
liberarme de la carga que mi ser corroe!
Mas, estoy atrapado en la danza del horror,
donde vida y muerte se entrelazan sin conocer.

La sombra me envuelve con su abrazo helado,
y el pesimismo consume mi ser sin piedad.
Cada verso es el eco de mi abismo descarnado,
reflejo de la oscuridad que me devora, sin planear.

Así sigo, errante en mi laberinto interno,
consumiendo el tiempo en lamentos sempiternos.
Entre tumbas abiertas y almas sin descanso eterno,
me sumerjo en la insondable negrura, en soles internos.

Versión 1
En los confines del infausto azar,
me encuentro prisionero de un conjuro avieso.
Días y noches, los demonios he de nutrir,
como si mi existencia fuese un eterno deceso.

Cual cadáver exangüe, alzo mi paso,
deslizándome sin brío por un sendero fúnebre.
Desde el abismo profundo, mi mirada se alza,
pero el firmamento distante, cada vez más célebre.

Carcajadas demoníacas resuenan sin mesura,
regocijándose en mi sufrimiento sin cuartel.
Mientras el compás de las fosas se acrecienta,
seres yertos y malditos, me acompañan en mi cruel vaivén.

El dolor se perpetúa, implacable, inmortal,
en un ciclo vicioso sin solaz ni redención.
En cada tumba yace la agonía universal,
los malditos seres que padecen mi misma aflicción.

Oh, si tan solo pudiera romper este conjuro,
liberarme de la carga que corroe mi ser.
Mas, estoy atrapado en la danza siniestra,
donde muerte y vida se entrelazan sin saber.

La sombra me envuelve con su abrazo gélido,
y el pesimismo se adueña de mi ser en su afán.
Cada verso es el eco de mi abismo íntimo,
reflejo de la oscuridad que me consume, sin plan.

Así prosigo, errante en mi propio laberinto,
marchitando el tiempo en lamentos sempiternos.
Entre tumbas abiertas y almas sin resquemor,
me sumerjo en la insondable negrura, en soles eternos.

En la oscuridad de mi condena yace,
una maldición que yo mismo he creado.
Días desgasto alimentando demonios,
como un cadáver sin alma, levantado.

Cual zombie sin voluntad me arrastro,
cavando mi fosa en un abismo cruel.
Desde el fondo, alzo la mirada en vano,
el cielo se aleja, ya no puedo ver.

Risas demoníacas resuenan sin piedad,
se deleitan con mi incesante tormento.
Y en cada fosa, cada fúnebre lecho,
yacen seres malditos, igual que yo, sedientos.

El sufrimiento se multiplica sin tregua,
como un círculo vicioso, sin final ni redención.
Y en este mar de almas perdidas y sombrías,
me hundo en la desolación, en la desesperación.

Oh, si tan solo pudiera romper este conjuro,
liberarme de la carga que me ha corrompido.
Pero estoy atrapado en esta danza macabra,
donde la muerte se funde con lo vivido.

La sombra me envuelve en su abrazo gélido,
y el pesimismo se adueña de mi ser.
En cada verso, en cada estrofa triste,
reflejo la oscuridad que me consume, sin querer.

Así sigo, perdido en mi propio laberinto,
marchitando el tiempo, en un eterno lamento.
Entre fosas abiertas y muertos vivientes,
me sumerjo en la negrura, en este mundo sin aliento.

Jorge Kagiagian 

Boceto primero

Si tan solo pudiera liberarme de la maldición qué me conjurado a mi mismo… 

Paso los días alimentando los demonios qué me atormentan 
Como si ya muerto 
Me levanto de mi tumba 
Como un zombie sin voluntad qué sólo
Cava su fosa aun más profundo 
Desde el fondo levanto la vista y el cielo está cada vez más lejos
Las risas demonios se escuchan descaradas 
Disfrutan del sufrimiento 
Mientras tanto cada vez 
Hay más fosas y en cada una de ellas
Hay muerto viviente 
Tan malditos como yo

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