En el corazón del bosque encantado, donde la luz de la luna se filtraba entre árboles centenarios y las hojas danzaban al compás del viento, se había preparado una fiesta sorpresa muy especial para celebrar el cumpleaños de Inés. Felicitas, la perrita de mirada vivaz, había pasado la mañana recolectando los tesoros más bellos del bosque: flores silvestres, hojas doradas y jugosas frutas que ahora decoraban una mesa rústica iluminada por farolillos naturales y destellos de luciérnagas.
El claro se llenó de seres mágicos y entrañables. Primero, llegaron las hadas, revoloteando con destellos de luz, seguidas de los duendes juguetones, el gnomo Beltrán con su gorra puntiaguda, el sabio maestro Barbagán, y los tres hermanos torpes y buenos, acompañados de su cariñosa mamá, Paola. Poco después, apareció el hada mágica Berenice, y en seguida el hada madrina Lilian, con su manto plateado y varita reluciente. El venerable abuelito Yavrik se unió con paso pausado, mientras una alegre manada de chihuahuas—Coco, Ciro, Mia, Rufina y Puchi—corría saltando y ladrando de felicidad.
Cuando Inés llegó caminando por un sendero alfombrado de hojas crujientes, el claro se iluminó con un coro de voces y gestos de cariño. Uno a uno, cada uno de los invitados se adelantó para saludarla:
—¡Feliz cumpleaños, Inés! —susurraron las hadas, danzando en el aire.
—¡Que este día te traiga tanta magia como la que irradias! —exclamaron los duendes, con risas contagiosas.
El gnomo Beltrán se inclinó con una sonrisa y dijo:
—¡Hola, Inés! Que la luz de tu corazón siga iluminando nuestro bosque.
El maestro Barbagán asintió con sabiduría:
—Inés, tu valentía nos inspira a todos. ¡Feliz cumpleaños!
Los tres hermanos, con su torpeza entrañable, se acercaron en coro:
—¡Feliz cumpleaños, Inés! Eres la magia de este día.
Paola, con ternura en la voz, la abrazó:
—Querida Inés, hoy celebramos la fuerza y el amor que llevas en tu interior.
Berenice, con los ojos chispeantes, añadió:
—Que cada destello de luz te recuerde lo especial que eres.
Lilian, la hada madrina, se adelantó y dijo:
—Hoy el bosque entero te rinde homenaje, Inés. ¡Que la magia de este día permanezca en tu corazón!
En medio de tanta emoción, los chihuahuas comenzaron a saltar alegremente alrededor de Inés, llenando el ambiente con carreras juguetonas y pequeños ladridos de júbilo. Felicitas, la perrita recolectora, se lanzó a saludarla con un salto y, sin palabras, lamió su cara con pura alegría.
Finalmente, Pupín, el mago del bosque y fiel enamorado, se acercó con una mirada llena de ternura. Con voz suave y segura, le dijo:
—Feliz cumpleaños, mi amor.
Y, sellando su promesa de amor, se inclinó y le dio un beso en la boca, lleno de pasión y magia.
La noche se llenó de melodías suaves, bailes bajo la luz de la luna y conversaciones que se mezclaban con el murmullo del bosque. Cada saludo, cada risa y cada abrazo se unían para crear un recuerdo eterno, donde Inés comprendió que la verdadera magia reside en el amor, la amistad y en cada saludo sincero que llega al corazón.
Versión 2
Entre los invitados se encontraban las hadas revoloteando con gracia, los duendes juguetones, el gnomo Beltrán con su característica gorra puntiaguda, el sabio maestro Barbagán y los tres hermanos torpes y buenos, cuyos tropiezos solo aumentaban su encanto. También estaba Paola, la cariñosa mamá de los tres hermanitos, que vigilaba con una tierna sonrisa a sus pequeños, lista para compartir dulces palabras de aliento.
De repente, apareció el hada mágica Berenice, con sus ojos chispeantes, y anunció con entusiasmo:
—¡Sorpresa, Inés! ¡Hoy el bosque entero celebra la magia que llevas en tu corazón!
En ese instante, el hada madrina Lilian irrumpió en el claro, envuelta en un manto plateado y portando una varita reluciente. Junto a ella, una alegre manada de chihuahuas —Coco, Ciro, Mia, Rufina y Puchi— corría y ladraba de felicidad. Poco después, el venerable abuelito Yavrik, con su bastón y sonrisa llena de sabiduría, se unió a la celebración.
Inés, que venía caminando por un sendero alfombrado de hojas crujientes, se detuvo en seco al divisar el claro transformado en un escenario de ensueño. Sus ojos se abrieron de par en par y, con la voz entrecortada por la emoción, exclamó:
—¡No puedo creerlo! ¡Esto es maravilloso! ¡Nunca imaginé una sorpresa tan encantadora!
Antes de que pudiera reaccionar más, Felicitas saltó alegremente hacia ella, lamió su cara con entusiasmo y le ofreció, en su silenciosa manera, un saludo lleno de amor.
Paola se adelantó entre la multitud y, con voz suave, dijo:
—Querida Inés, hoy celebramos no solo un año más de tu vida, sino la fuerza y el amor que irradias en cada paso que das. ¡Feliz cumpleaños!
El gnomo Beltrán, entre carcajadas amables, ofreció un pequeño regalo envuelto en hojas y cintas:
—Que este obsequio refleje la luz que siempre irradias, Inés.
El maestro Barbagán asintió con sabiduría:
—Tu valentía y persistencia son el verdadero hechizo que ilumina nuestro bosque. ¡Sigue brillando, querida!
Los tres hermanos torpes, en perfecta sincronía, añadieron:
—¡Que tengas un día tan mágico como tú, Inés!
Mientras tanto, Felicitas, la perrita que con tanto esmero había recolectado los tesoros del bosque, se quedó cerca de la mesa, moviendo la cola y observando a su amiga con ojos llenos de devoción y alegría.
Entre toda aquella muestra de cariño, Pupín, el mago del bosque y fiel enamorado de Inés, se acercó con pasos suaves y una mirada llena de ternura. Con voz apenas audible, susurró:
—Feliz cumpleaños, mi amor.
Sin esperar respuesta, se inclinó hacia Inés y le dio un beso en la boca, lleno de amor y la magia de su unión, sellando con ese gesto el lazo inquebrantable que compartían.
La noche se llenó de melodías suaves, bailes bajo la luz de la luna y risas que se fundían con el murmullo del bosque. Las hadas tejían destellos en el aire, los duendes compartían cuentos antiguos y cada rincón del claro vibraba con la magia de la amistad y el cariño compartido.
Al final de la velada, el hada madrina Lilian concluyó con voz serena:
—Hoy celebramos una magia que no necesita de hechizos, sino de la fuerza interior, el amor y la amistad. Que cada día te inspire a seguir siendo la luz que ilumina este bosque, Inés.
En ese momento, mientras el eco de las risas se fundía con el susurro de las hojas, Inés comprendió que la verdadera magia no reside en conjuros, sino en la persistencia, la pasión y el amor que cada uno lleva en el corazón. Su cumpleaños se convirtió en un recuerdo eterno, un homenaje a la amistad, a la familia y a la magia sincera que vive en cada latido.
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