La Ilusión de la Disuasión

Agregar la suma de las penas... Que no tienen sentido científico... Si se busca rehabilitar la condena debe ser precisada por un profesional especializado y no por un abogado con una tablita..
Si una persona se rehabilita de robar a los 2 años .... Y se lo encontró culpable de 3 robos... No tiene sentido darle 6 años de prisión porque al 2do ya esta rehabilitado y los otros 4 serían castigo sin finalidad con resultados contraproducentes

# **La Ilusión de la Disuasión: Por qué las Condenas Altas No Previenen el Delito**  

El sistema penal se fundamenta en la idea de que las penas severas disuaden a los individuos de cometer delitos. Se asume que, al imponer castigos ejemplares, las personas pensarán dos veces antes de transgredir la ley. Sin embargo, esta premisa se derrumba al analizar la realidad: la mayoría de los delitos no responden a un cálculo racional de riesgos y consecuencias, sino a impulsos, emociones incontrolables o contextos de desesperación. En estos casos, el miedo a la pena no es un factor disuasivo, porque el delito se comete sin un análisis previo de sus consecuencias legales.  

## **El Crimen Pasional y la Falacia de la Disuasión**  

Uno de los ejemplos más claros de la ineficacia de las penas altas como elemento disuasivo son los crímenes cometidos bajo estados emocionales extremos. En momentos de ira, desesperación o miedo, la capacidad de razonamiento se nubla y las acciones son impulsadas por instintos primarios más que por una evaluación lógica. Un individuo que actúa bajo un arrebato emocional no se detiene a pensar en el número de años que pasará en prisión; simplemente reacciona.  

El clásico ejemplo es el homicidio pasional. En una discusión acalorada, una persona puede atacar a otra sin que en ningún momento pase por su mente la posibilidad de enfrentar una condena de veinte o treinta años. El crimen ocurre en segundos, y en ese instante, el miedo al castigo no tiene cabida. La justicia, en estos casos, castiga el resultado pero no puede prevenir el impulso.  

## **La Criminalidad en Contextos de Pobreza y Desesperación**  

Otro grupo de delitos en los que la disuasión por castigo severo fracasa son aquellos cometidos en contextos de necesidad extrema. Cuando una persona roba para sobrevivir, la amenaza de una condena no pesa más que el hambre o la desesperación. Para alguien que no tiene empleo, hogar ni recursos, el riesgo de la cárcel puede incluso parecer una alternativa menos aterradora que la miseria en la calle. En algunos casos, los delincuentes reincidentes han expresado que prefieren la prisión porque ahí al menos tienen comida y un techo.  

Las penas más duras tampoco evitan los delitos cometidos en entornos de crimen organizado, donde los involucrados saben que sus probabilidades de muerte en la calle son incluso mayores que las de una condena. Un joven que crece en un barrio donde el narcotráfico domina no tiene el mismo margen de elección que quien vive en una realidad más estable. En esos entornos, la cárcel es un destino casi inevitable, y el miedo a una sentencia larga no cambia las condiciones que llevan a delinquir.  

## **Los Delitos Cometidos por Impulso o Desconocimiento**  

Existen también delitos que se cometen sin que el infractor sea consciente de la gravedad legal de su acción. Muchas personas sin educación formal firman documentos sin comprender su contenido, asumen acuerdos que los incriminan o participan en situaciones que los llevan a la cárcel sin que hayan tenido una verdadera intención de delinquir.  

Un ejemplo es el de aquellos que transportan paquetes para terceros sin saber que contienen drogas o contrabando. Estas personas no evalúan la pena en abstracto porque no creen estar cometiendo un crimen. El endurecimiento de las condenas no evitará que otros caigan en la misma trampa si el problema de fondo sigue siendo la falta de educación y oportunidades.  

## **La Falsa Promesa del Castigo Ejemplar**  

Los casos mencionados ilustran un problema central: el sistema penal confunde castigo con prevención. Se cree que aumentando las penas se reducirá el delito, pero la mayoría de las infracciones ocurren en circunstancias donde la ley no es un factor disuasorio. Un castigo ejemplar solo tiene sentido cuando el delito es premeditado y el infractor tiene plena conciencia de las consecuencias. Pero en los casos de arrebatos emocionales, necesidad extrema o ignorancia, la severidad de la pena no cambia nada.  

Si la intención real del sistema es reducir el delito, la solución no está en endurecer castigos, sino en trabajar sobre las causas que llevan a delinquir. La educación, el apoyo psicológico, la estabilidad económica y la prevención social son mucho más eficaces que el endurecimiento de las penas. Sin estos factores, la prisión se convierte en un simple depósito de seres humanos que, lejos de haber sido disuadidos, han sido empujados hacia un destino del que nunca tuvieron escapatoria.

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