Reflexiones de 1984

Por momentos siento que mi realidad es otra, que no pertenezco a este tiempo
que no soy quien toma las decisiones sobre mis actos…
Creo que la locura esta dentro mío. Hay algo cruel y malvado…destruyo todo lo que toco.
Todos parecen malditos programas de computadoras en un mundo carente de sentido.

Me miro al espejo y no me reconozco… corto mis cabellos, pero sigo sin verme
Arranco la piel de mi cara, veo mi globo ocular. Pero no veo quien soy realmente…

No quiero seguir adelante con mi vida, con un bisturí corto mis venas.
Veo mi mecanismo Terminator fallando, lo reparo y sigo buscando a Sarah Connor.

Jorge Kagiagian



Confesión de maldad

Mi poesía consistirá, sólo, en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia
salvaje, y al Creador, que no hubiera debido engendrar semejante basura.
Comte de Lautréamount




Vastos espacios, infinitos desiertos se despliegan hasta el horizonte que nunca existió. Cayendo eternamente en un vacío Aleph, no hay tiempo, nada tiene precedentes. Mi pensamiento merodeó por caminos arbitrarios; pero ya no más, ansío algo diferente, algo nuevo. La soledad fue demasiada, debo escapar de mi propia maldición.

Crear seres, esclavizarlos y para jugar con ellos, la crueldad ayudaría a la diversión. Prometerles mil y un maravillas para decepcionarles luego… eso me distraería pero no es suficiente.
Quisiera que sintieran la felicidad de tenerlo todo, aunque sea por unos instantes, y arrebatárselos después. La congoja será aún mayor, porque no hay quien aprecie lo que no conoce; el valor se adquiere sólo cuando se pierde lo amado. Pero si otra persona te lo quitase el remordimiento no alcanzaría, es necesario fabular la culpa en ellos para que lamenten la falta durante toda su existencia.
Mi mano guiará hacia la perdición a los hombres. Creerán ser libres y se angustiarán por las consecuencias de sus actos; a esa mentira la llamaré “libre albedrío”.

Luego de su aparente desobediencia podría condenarlos a muerte para demostrar mi justicia divina… pero sería muy sencillo; le falta algo que realmente los conmocione en sus entrañas, que atormente sus almas. Argumentando piedad les arrebataré todo los dones que mi mano generosa les dio y se enfrentarán a las aflicciones que yo habré plantado en ese mundo también creado por mí.
Terremotos y catástrofes sin límites, ciudades devoradas por lluvias de fuego y la gran inundación que dejará diezmada a la humanidad. Enfermedades y hambrunas llevarán al hombre a la más abyecta de las miserias; desearan la inexistencia.
Hermanos enemistados a muerte por un trozo de algún animal sin vida, imposible de identificar por su estado de putrefacción. Ese pictórico retrato realzará el sabor de mi festín, del que disfrutaré mientras degusto cada detalle de tal barbarie.

Pero todo aquello no bastará; mi ambición necesita más. Sembraré semillas de odio y desprecio en los corazones de los hombres. Quienes cosecharán guerras sin piedad. Correrán en círculos. Abrumados, no tendrán donde escapar de su propia e ilimitada maldad. Encontrarán efímera paz proclamando héroes a pobres mutilados de los cuales se olvidarán poco después. Imagen tan triste como aquella en la que el hambriento encuentra una moneda en uno de sus andrajosos pantalones; suficiente como para saciar el estomago por unas horas pero pronto el crujido del vientre azotará de nuevo.

La parte más bella será que, a pesar de ser el culpable de todas sus desgracias, me presentaré frente a ellos, curaré algunos enfermos y haré milagros. Seré su esperanza y su salvador. Escucharé sus males, mi alma se quebrará cual cristal al oír tanto sufrimiento, tanto dolor; me acongojaré con ellos y fundidos en un eterno abrazo lloraremos juntos. Seré amado por quienes habré dañado sin clemencia. No hay nada que supere ese sublime sentir.

Pondré en ellos todas las pasiones posibles, odio, venganza, amor, temor, envidia, ambición, lujuria… no faltará ninguna. Presentaré mis mandamientos, las cuales prohibirán todo lo que yo he puesto en sus corazones.
Nunca podrán sentirse seres realizados y completos. Siempre la carencia los atormentará, porque nadie puede cambiar su esencia. Nunca un grosero buey podrá transformarse en un noble corcel, ni yo en un ser misericordioso. Por eso vivirán sumidos en la más profunda frustración.

Mi mano derecha, podrida y corrupta, estará presente en todos los puestos de poder… la llamaré mi gran ramera. Inculcará el sentimiento de culpa en cada ser humano. Se inmiscuirán hasta en la intimidad de todos, nadie podrá siquiera disfrutar de sus partes íntimas, porque serán censuradas y destinadas a la vergüenza.
Esa premeditada manipulación será transmitida de generación a generación…
Aún así, me venerarán. Creerán que todo lo bueno vendrá de mí; y lo malo de mi hijo más hermoso, quien es orgullo fiel de su padre. Encontrarán la forma de explicar todo el universo usando nuestros nombres... creerán por fe la más irrisorias e hilarantes afirmaciones.
Ridículamente harán imágenes de mí. Tendré mil apodos, todos sinónimos de amor.

Esto sólo será el comienzo. Cada seudónimo tendrá su propio ejército. Comenzará la gran masacre… asesinos proclamando mi nombre en batalla, alzando graciosos símbolos como estandarte por los siglos de los siglos. En un eterno juego sin fin, sin respuestas. Confundidos por su propia idiotez. Guiados por líderes dementes en los cuales yo habré puesto la locura dentro de sus cabezas, tan meticulosamente como un escultor que transfigura el mármol según sus deseos. Los llevarán a la más nefasta perdición y quien se niegue a formar parte de mi plan divino, arderá por siempre en el fuego eterno del abismo infernal que yo mismo habré de crear.

En fin, el destino está escrito por mi mano implacable.

Con la más exquisita precisión, iniciaré mi obra:
“En el principio creó dios los cielos y la tierra…"

Hágase mi voluntad.

Jorge Kagiagian

El fin de mi lucha



Luego de tiempos muy crueles... entra meditabundo en su habitación con la decisión tomada. Pone el arma sobre la mesa. En una hoja en blanco narra sus razones:

Elvis Presley - The vicious circle (In the ghetto)


Ver letra


The vicious circle (In the ghetto)






The vicious circle (In the ghetto)

As the snow flies
On a cold and gray Chicago mornin'
A poor little baby child is born
In the ghetto
And his mama cries
'cause if there's one thing that she don't need
it's another hungry mouth to feed
In the ghetto

People, don't you understand
the child needs a helping hand
or he'll grow to be an angry young man some day
Take a look at you and me,
are we too blind to see,
do we simply turn our heads
and look the other way

Well the world turns
and a hungry little boy with a runny nose
plays in the street as the cold wind blows
In the ghetto

And his hunger burns
so he starts to roam the streets at night
and he learns how to steal
and he learns how to fight
In the ghetto

Then one night in desperation
a young man breaks away
He buys a gun, steals a car,
tries to run, but he don't get far
And his mama cries

As a crowd gathers 'round an angry young man
face down on the street with a gun in his hand
In the ghetto

As her young man dies,
on a cold and gray Chicago mornin',
another little baby child is born
In the ghetto

Autor: Mac Davis


El círculo de la vida (en el gueto)

Mientras la nieve vuela
en una mañana fría y gris de Chicago,
un pequeño niño, un bebé, nace pobre
en el gueto.

Su mamá llora
porque lo que no necesita
es otra boca hambrienta que alimentar
en el gueto.

¿Es que no lo entienden?
El niño necesita de nuestra ayuda
o algún día, crecerá
para convertirse en un adolescente enojado.

Echemos un vistazo.
¿O estamos demasiado ciegos para verlo?.
¿O es que simplemente volvemos nuestras cabezas hacia otro lado?.

Pero... el mundo continúa.
Un niño con la nariz sucia juega solo en las calles
mientras sopla el viento frío
en el gueto.

El hambre lo quema por dentro.
Comienza a deambular de noche...
Aprende como robar.
Aprende como pelear
en el gueto.

En una noche de desesperación
un adolescente no resiste más.
Compra un arma, roba un coche.
Intenta escapar; pero no llega muy lejos.
Mientras una multitud se reúne alrededor
de un adolescente enfadado tumbado en la calle
boca abajo con un arma en su mano
su madre llora...
en el gueto.

Mientras su hijo adolescente muere,
en una mañana fría y gris,
otro niño pequeño, un bebé nace
en algún triste gueto.


Traduccion libre: Jorge Kagiagian






Sobre la canción: http://es.wikipedia.org/wiki/In_the_Ghetto



Interpretacion de Elvis Presley, versión de estudio:



Interpretacion de Elvis Presley, en vivo:

Quiero ser un pirata

Todos tuvimos sueños de niños, el mío era ser un temido pirata.
Soñaba con desenterrar tesoros,
a punta de cañón saquear grandes galeones,
abordar navíos corsarios blandiendo mi espada.
Todo para secuestrar el corazón de una hermosa doncella.

En pocas horas



Fueron pocas horas, unos instantes
Tan breves como eternos
Sentí vibrar mi corazón
Aun te busca, te necesita.

¡Oh Aquiles!


Mitos y leyenda, dioses y héroes nada serian sin ti.
Tú el príncipe de Mirmidones, el más rápido de los hombres
El sumergido en el Estigia, el invulnerable.
El inspirado por el amor y la ira, resplandece tu espada
Eres único en la Hélade de todos los tiempos.
Jamás habrá otro igual, no podrán alcanzar tu gloria.
Para ti hay cantos y versos, los cuento por miles.

Nada



Esto no es un cuento, ni una historia, no responde a ninguna estructura literaria.
Nada se ajusta más a mi sentir que el caos,
la felicidad se alejó y no volverá. Ya nada queda…
Hace tiempo atrás conocí a una mujer. Lo di todo sin esperar nada a cambio, y eso recibí. Soy injusto;
mi recompensa fue la traición con la misma perfidia de quien se casa sin amor.
No paro de escucharla, de soñarla, de amarla… Muero por momentos y despierto ausente…
Lloro, grito y enloquezco; para volver a desfallecer. Tembloroso, ruego el fin de esta tortuosa pesadilla.
La angustia esta aquí, no pretende irse. Este texto no tiene un comienzo, ni argumento,
no responde a ninguna estructura literaria, Quizás solo tenga un desenlace: la tristeza sin final

Jorge Kagiagian

Ojos Tristes



No puedo borrar tu dolor de mi mente. Ver tus ojos desauseados y vencidos.
No supe hablarte, ni quererte. El miedo fue el culpable.

Como una niñita lloraste desconsolada. ¿Como escapar de ese recuerdo?
Si me atormenta en cada sueño, si lo revivo una y mil veces.

Si pudiera verte, si lo intentaras, al menos un solo instante
verías en mis ojos tristeza igual a la tuya.

Conozco quien eres, conozco tus deseos y conozco cuanto me quieres
pero todo fue demasiado. Nunca podremos perdonarnos tanto mal.

Quisiera poder consolarte en mis brazos y pagar por el dolor que te cause.
Lo soportaría todo y mucho más… no hay mayor dolor que a no tenerte.

Jorge Kagiagian

Una noche larga

"No es bueno que todo el mundo lea estas páginas que siguen; sólo algunos saborearán este fruto amargo sin peligro. Por consiguiente, alma tímida, antes de adentrarte en semejantes landas inexploradas, escucha bien lo que te digo: dirige tus talones hacia atrás y no hacia adelante"
Conde de Lautréamont


Eclipse

Contigo se asoma tímidamente la esperaza
como un rayo de luz dentro de una impenetrable cueva.
Entra a liberarme, al fin, de mi perpetua soledad.

Acostadito junto a vos

Acostadito junto a vos, te veo dormir…
Veo tus ojitos cerrados, lleno de lagañas…
Frotas tus piernas con las mías, buscando mi calor…
me raspan y me hieren tus carditos.

Tus ojos

Caminos de locura,
ciego, transito hacia ellos,
nadie me detiene,
no tengo voluntad, camino hacia ti

Claridad

"No es bueno que todo el mundo lea las páginas que siguen; sólo algunos saborearán sin peligro ese fruto amargo" Conde de Lautréamont



Al fin veo completamente claro. Todo cobra sentido.
El bien, el mal, la traición y la lealtad son el anverso y el reverso de la misma
moneda.
Primero fue un juego enfermizo y psicótico .
Luego un desafío. No podía perder, nunca lo podría permitir.
Hoy es una perpetua obsesión. No duermo. Mi mente no se despoja de ese único
pensamiento.
Tengo tantos sentimientos encontrados que no logro identificar ninguno.
Lo que sí sé es que duele. Mi alma sufre.
Este siniestro juego llenó mi vida de enemigos.
Debo destruirlos. Es lo mejor para mí, aunque todo sea, tal vez, producto de una
intensa paranoia.
Pero tengo ventaja. Veo a través de las paredes.
Escucho las voces. Me cuentan todo. No hay secretos para mí.
Camino por mi habitación como una criatura enjaulada.
Estoy alerta. Estoy preparado. Estoy esperando.
¿Cuándo fue que todos viraron? Todos menos yo. ¿Cuándo perdieron el camino?
Soy yo el único que puede devolverle al mundo su rumbo. Es mi misión, mi
mandato.
Ciegos que no quieren ni saben ver. Prisioneros de la insignificancia de lo
cotidiano.

¡Me ascendieron! ¡Gané mucho dinero! Vacía y volátil felicidad.
Están muertos, no lo ven. Viven vidas sin sentido ¡Sin nada!
Daría lo mismo que vivieran o no. Yo debo encarrilarlos o eliminarlos.
Aun así los envidio, no existe felicidad para mí.
Afortunados quienes tienen dioses. Ahogados en mi mismo fango, viven fantasías
de dicha y bienestar. Sus divinidades les dan esperanzas.
Veo todo claro, ese es mi castigo.
Mi vida es infeliz y desesperanzadora. Soy consciente de mi miseria.
Pero la lucha saca lo más poderoso de mí.
Manipular a otros seres cual titiritero. Jugar a ser el dueño de sus vidas. Saber que
puedo apagarlas cuando quiera.
Quiero matar a quienes me dañaron, a quienes me trajeron aquí.
Dibujar las paredes con su sangre. Violar a sus mujeres. Educar a sus hijos como
sus enemigos. Vestirme con sus pellejos. Usar sus caras como máscaras y
representar mi satírica comedia. La abominación y el asco estarán presentes en cada
acto.
El odio me motiva, el dolor me guía.
Grito, aúllo de agonía. Nadie me escucha, pero me reconforta saber que ningún ser
oirá sus gritos cuando sean torturados. Solo yo disfrutaré esa música.
No me detendrán. Ya no puedo parar.
Voy a salir de este lugar golpeando mi cuerpo contra las paredes blandas.
¡YO NO ESTOY LOCO, LO ESTÁS VOS!

Jorge Kagiagian

Poema a mi Lista de Compras


Sin ti me olvidaria
que debo comprar
leche, manteca
aceitunas, lavandina

Ay.. amor mio




Que dolor, me piso una rosa
comi de su nectar de forma ansiosa
yo solo soy una hormiga
comi mucho pero sin miga.

Aquella flor


Maldigo este momento, maldigo escribir sobre estas páginas en blanco,
testigo de los tormentos de los amantes…
Nacer, amar y morir. ¿Qué más hay? ¿No es ese el sentido de vivir?
Tuve lo que siempre anhelé, todo lo alcancé.
Pero hoy sólo soy un mendigo esperando el milagro de su amor.
“El tiempo es lento para los que sufren”, cruel y eterno, diría yo.

Querido papel, ¿quieres saber cómo ocurrió?
Te contaré, antes de que suceda lo inevitable.

Caminaba despreocupado por aquel lugar…
como lo había hecho tantas otras veces.
Tocó mi hombro y me sorprendió, yo no la había visto.
Luego dulcemente me sonrió.
No entendí nunca por qué lo hizo, porque a mí.
Por primera vez en mi vida, sentí algo, algo diferente,
algo crecía y no podía controlarlo; nunca podría controlar.
“No hay amor sin locura” ¿Acaso hay otro estado más parecido al amor?

Delgado amigo, ¿quieres saber cómo era?
Te contaré, antes de que la luz de la vela se extinga.

Descansaba mi corazón al verla.
Arena en su piel. Rosas en sus mejillas. Dulzura en su boca. Y fuego en su vientre.
Ninguna alquimia hubiese imaginado posible combinar sus encantos en una sola
mujer.
Encontré un libro en el sótano de este lugar, donde un poeta escribió:

Tus ojos

Caminos de locura,
ciego, transito hacia ellos,
nada me detiene,
no tengo voluntad, camino hacia ti

Te miro y caigo cautivo
atrapado, no me resisto,
el tiempo se detiene
por ellos me dejo llevar.

Sin duda, el poeta la conoció. Tuve celos, por eso arrojé el libro al fuego.
Lo destruí.

¿Quién acaso podría domar aquel espíritu? ¿Quién podría ser el dueño de su
libertad? ¿Se puede manipular el fuego sin quemarse? Lo intenté pero fallé.
Desesperado por el temor a perderla, tomé la flor con más fuerza pero las espinas se
clavaron en mi mano. Grité, la solté y cayó. Dañé los pétalos y su corazón. La maté.
Sí, querido amigo, yo la maté. Nadie me vio. Nadie me condenó, sólo yo lo hice.

Desde aquel día, todo cambió,
el agua no sacia mi sed, la comida es ceniza en mi boca.
Paso en soledad mis noches, creyendo besarla. Mis brazos están huérfanos sin tener
a quién abrazar. Sin poder sentir su pecho latir junto al mío.

¿Quieres saber qué deseo?
Te contaré, antes de terminar con esto.

Quisiera que me escuchara.
Decirle que lucharé por ella sin desfallecer.
Que no la soltaré nunca jamás.
Que mi mundo se torna infértil y sombrío sin ella.
Que mi corazón está tan sediento de amor como el de ella,
que quiere salir y quiere ser amado,
que ahora hay quien lo sepa cuidar y proteger.
Pero ya no podré. Estoy muerto en vida… tan muerto y frío como ella.
La he ido a visitar, estuve frente a su tumba y nada me consuela.
Leí la inscripción de su lápida.
“No hay oscuridad donde vas”. La noche quedó acá conmigo.

Mis pertenencias las perdí y junto con ella, mis amigos...
Poco a poco, mi salud fue desmejorando. Estoy flaco, desgarbado.
Hoy sólo me levanto para contarte lo que siento.
Mi desgracia fue a causa de mi naturaleza, de la naturaleza del hombre.
Porque se quiere lo que no se tiene, lo que es imposible de obtener.
Porque no se valora hasta que se pierde. Porque el orgullo puede más.
Como si hubiese algo más importante, en esta existencia efímera, que ser amado.

(La vela atenúa su brillo, llega a su fin).

Es tarde, querido amigo, tomaré sólo un vaso, será suficiente.
Llegó la hora de descansar. Ya no habrá más oscuridades para mí.
Sólo luz, luz y más luz.

Jorge Kagiagian
Maldigo este momento, maldigo escribir sobre estas páginas en blanco,
testigo de los tormentos de los amantes…
Nacer, amar y morir. ¿Qué más hay? ¿No es ese el sentido de vivir?
Tuve lo que siempre anhelé, todo lo alcancé.
Pero hoy sólo soy un mendigo esperando el milagro de su amor.
“El tiempo es lento para los que sufren”, cruel y eterno, diría yo.

Querido papel, ¿quieres saber cómo ocurrió?
Te contaré, antes de que suceda lo inevitable.

Caminaba despreocupado por aquel lugar…
como lo había hecho tantas otras veces.
Tocó mi hombro y me sorprendió, yo no la había visto.
Luego dulcemente me sonrió.
No entendí nunca por qué lo hizo, porque a mí.
Por primera vez en mi vida, sentí algo, algo diferente,
algo crecía y no podía controlarlo; nunca podría controlar.
“No hay amor sin locura” ¿Acaso hay otro estado más parecido al amor?

Delgado amigo, ¿quieres saber cómo era?
Te contaré, antes de que la luz de la vela se extinga.

Descansaba mi corazón al verla.
Arena en su piel. Rosas en sus mejillas. Dulzura en su boca. Y fuego en su vientre.
Ninguna alquimia hubiese imaginado posible combinar sus encantos en una sola
mujer.
Encontré un libro en el sótano de este lugar, donde un poeta escribió:

Tus ojos

Caminos de locura,
ciego, transito hacia ellos,
nada me detiene,
no tengo voluntad, camino hacia ti

Te miro y caigo cautivo
atrapado, no me resisto,
el tiempo se detiene
por ellos me dejo llevar.

Sin duda, el poeta la conoció. Tuve celos, por eso arrojé el libro al fuego.
Lo destruí.

¿Quién acaso podría domar aquel espíritu? ¿Quién podría ser el dueño de su
libertad? ¿Se puede manipular el fuego sin quemarse? Lo intenté pero fallé.
Desesperado por el temor a perderla, tomé la flor con más fuerza pero las espinas se
clavaron en mi mano. Grité, la solté y cayó. Dañé los pétalos y su corazón. La maté.
Sí, querido amigo, yo la maté. Nadie me vio. Nadie me condenó, sólo yo lo hice.

Desde aquel día, todo cambió,
el agua no sacia mi sed, la comida es ceniza en mi boca.
Paso en soledad mis noches, creyendo besarla. Mis brazos están huérfanos sin tener
a quién abrazar. Sin poder sentir su pecho latir junto al mío.

¿Quieres saber qué deseo?
Te contaré, antes de terminar con esto.

Quisiera que me escuchara.
Decirle que lucharé por ella sin desfallecer.
Que no la soltaré nunca jamás.
Que mi mundo se torna infértil y sombrío sin ella.
Que mi corazón está tan sediento de amor como el de ella,
que quiere salir y quiere ser amado,
que ahora hay quien lo sepa cuidar y proteger.
Pero ya no podré. Estoy muerto en vida… tan muerto y frío como ella.
La he ido a visitar, estuve frente a su tumba y nada me consuela.
Leí la inscripción de su lápida.
“No hay oscuridad donde vas”. La noche quedó acá conmigo.

Mis pertenencias las perdí y junto con ella, mis amigos...
Poco a poco, mi salud fue desmejorando. Estoy flaco, desgarbado.
Hoy sólo me levanto para contarte lo que siento.
Mi desgracia fue a causa de mi naturaleza, de la naturaleza del hombre.
Porque se quiere lo que no se tiene, lo que es imposible de obtener.
Porque no se valora hasta que se pierde. Porque el orgullo puede más.
Como si hubiese algo más importante, en esta existencia efímera, que ser amado.

(La vela atenúa su brillo, llega a su fin).

Es tarde, querido amigo, tomaré sólo un vaso, será suficiente.
Llegó la hora de descansar. Ya no habrá más oscuridades para mí.
Sólo luz, luz y más luz.

Jorge Kagiagian




















































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Maldigo este momento, maldigo escribir sobre estas páginas en blanco,
testigo de los tormentos de los amantes…
Nacer, amar y morir. ¿Qué más hay? ¿No es ese el sentido de vivir?
Tuve lo que siempre anhelé, todo lo alcancé.
Pero hoy sólo soy un mendigo esperando el milagro de su amor.
“El tiempo es lento para los que sufren”, cruel y eterno, diría yo.

Querido papel, ¿quieres saber cómo ocurrió?
Te contaré, antes de que suceda lo inevitable.

Caminaba despreocupado por aquel lugar…
como lo había hecho tantas otras veces.
Tocó mi hombro y me sorprendió, yo no la había visto.
Luego dulcemente me sonrío.
No entendí nunca por qué lo hizo, porque a mí.
Por primera vez en mi vida, sentí algo, algo diferente,
algo crecía y no podía controlarlo; nunca podría controlar.
“No hay amor sin locura” ¿Acaso hay otro estado más parecido al amor?

Delgado amigo, ¿quieres saber cómo era?
Te contaré, antes de que la luz de la vela se extinga.

Descansaba mi corazón al verla.
Arena en su piel. Rosas en sus mejillas. Dulzura en su boca. Y fuego en su vientre.
Ninguna alquimia hubiese imaginado posible combinar sus encantos en una sola
mujer.
Encontré un libro en el sótano de este lugar, donde un poeta escribió:

Tus ojos

Caminos de locura,
ciego, transito hacia ellos,
nada me detiene,
no tengo voluntad, camino hacia ti

Te miro y caigo cautivo
atrapado, no me resisto,
el tiempo se detiene
por ellos me dejo llevar.

Sin duda, el poeta la conoció. Tuve celos, por eso arrojé el libro al fuego.
Lo destruí.

¿Quién acaso podría domar aquel espíritu? ¿Quién podría ser el dueño de su
libertad? ¿Se puede manipular el fuego sin quemarse? Lo intente pero fallé.
Desesperado por el temor a perderla, tomé la flor con más fuerza pero las espinas se
clavaron en mi mano. Grité, la solté y cayó. Dañé los pétalos y su corazón. La maté.
Sí, querido amigo, yo la maté. Nadie me vio. Nadie me condenó, sólo yo lo hice.

Desde aquel día, todo cambió,
el agua no sacia mi sed, la comida es ceniza en mi boca.
Paso en soledad mis noches, creyendo besarla. Mis brazos están huérfanos sin tener
a quién abrazar. Sin poder sentir su pecho latir junto al mío.

¿Quieres saber qué deseo?
Te contaré, antes de terminar con esto.

Quisiera que me escuchara.
Decirle que lucharé por ella sin desfallecer.
Que no la soltaré nunca jamás.
Que mi mundo se torna infértil y sombrío sin ella.
Que mi corazón está tan sediento de amor como el de ella
que quiere salir y quiere ser amado,
que ahora hay quien lo sepa cuidar proteger.
Pero ya no podré. Estoy muerto en vida… tan muerto y frío como ella.
La he ido a visitar, estuve frente a su tumba y nada me consuela.
Leí la inscripción de su lápida.
“No hay oscuridad donde vas”. La noche quedo acá conmigo.

Mis pertenencias las perdí y junto con ella, mis amigos…
Poco a poco, mi salud fue desmejorando. Estoy flaco, desgarbado.
Hoy sólo me levanto para contarte lo que siento.
Mi desgracia fue a causa de mi naturaleza, de la naturaleza del hombre.
Porque se quiere lo que no se tiene, lo que es imposible de obtener.
Porque no se valora hasta que se pierde. Porque el orgullo puede más.
Como si hubiese algo más importante, en esta existencia efímera, que ser amado.

(La vela atenúa su brillo, llega a su fin).

Es tarde, querido amigo, tomaré sólo un vaso, será suficiente.
Llegó la hora de descansar. Ya no habrá más oscuridades para mí.
Sólo luz, luz y más luz.

Jorge Kagiagian



“El tiempo es lento para los que sufren”, Shakespeare
“Luz más luz”, Goethe
"La comida es ceniza en mi boca", Ted Elliott, Terry Rossio, Stuart Beattie, Jay Wolpert

Mensajes

Oscuras palabras
llenan estas líneas
mensajes de dolor y perdón
esperanza y resignación
caminando descuidados
perdimos la ilusión

Hallamos duras palabras
que llenan nuestras bocas
mensajes de dolor y perdón
esperanza y resignación
caminando descuidados
perdimos el amor

Tristes pensamientos
llenan mis noches
mensajes de dolor y perdón
esperanza y resignación
Caminando descuidado
te perdí a vos.

Jorge Kagiagian







old

Oscuras palabras
llenan estas lineas
mensajes de dolor y perdon
esperanza y resignacion
caminando descuidados
perdimos la ilusion