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Un Artista del Trapecio (Franz Kafka)

Un artista del trapecio -como se sabe, este arte que se practica en lo alto de las cúpulas de los grandes circos es uno de los más difíciles entre todos los asequibles al hombre- había organizado su vida de tal manera -primero por afán profesional de perfección, después por costumbre que se había hecho tiránica- que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en el trapecio. Todas sus necesidades -por otra parte muy pequeñas- eran satisfechas por criados que se relevaban a intervalos y vigilaban debajo. Todo lo que arriba se necesitaba lo subían y bajaban en cestillos construidos para el caso.

De esta manera de vivir no se deducían para el trapecista dificultades con el resto del mundo.

Un día contigo (De un padre a su hija)




Un día contigo (De un padre a su hija)

No preciso reloj, ni despertador; es ella quien se encargará
Muy temprano y sin excepción, día tras día se repetirá.
Gritos y revuelo; pasos veloces y un salto repentino.
Me levanto en el torbellino de sus besos y abrazos
Quiero enojarme, pero ¿Cómo hacerlo?
Si al verla me enamoro y me desgarro en el adiós.
Desayuna de forma atolondrada y veloz;
debería llamarle la atención, o un pequeño reto quizás
pero no puedo evitar ser cómplice de sus travesuras.

Vistes un delantal rosado y una pequeña mochila.
Al cruzar la calle, me sujetas con fuerza
desde allí abajo tus ojos me miran y me llaman papá.
Nos despedimos y ya te comienzo a extrañar
aun sabiendo que pronto nos volveremos a ver.

La hora llega, vuelvo rápido a mi hogar
Tengo una cita con leche y galletas, una cita a la que no puedo fallar.
La cola sobre el suelo y hojas por doquier
Amarillo, naranja y rojo; violeta, verde y azul
En sus manos y en su cara se mezclan los arcoíris
Pinta hija mía; pinta tus fantasías y mis sueños
Porque eres tú mi princesa; porque eres tú quien me hace rey.

Pies descalzos, muñecas y juguetes mil
Con tus pendientes de perlas, eres mi Wendy y mi idea feliz
Me conviertes en Peter Pan. Viajo contigo a Nunca Jamás.
No entiendes por qué me detengo a mirarte una y otra vez
Aún no imaginas cuánto un padre puede amar.

Noches, lunas y estrellas
terminan sus juegos y nada puedo hacer.
Las últimas risas brotan como rosas de primavera.
Poco a poco, casi sin darte cuenta…
te duermes entre las almohadas de aquel sillón.
Lento y silencioso, te alzo hasta tu cama.

Estás en tu mundo de ensueño mientras yo te guardo en mis brazos
Las horas llegarán y pesarán sobre mis ojos…
Y sosteniendo tu mano me quedaré dormido junto a ti
sin haber entendido cómo alguien tan simple como yo
puede ser el padre de un ser tan maravilloso como lo eres tú.

Jorge Kagiagian







No preciso reloj, ni despertador es ella quien se encargará
Muy temprano y sin excepción, día tras día se repetirá.
Gritos y revuelo; pasos veloces y un salto repentino.
Me levanto en el torbellino de sus besos y abrazos
Quiero enojarme pero ¿Cómo hacerlo?
Si al verla me enamoro y me desgarro en el adiós.
Desayuna de forma atolondrada y veloz;
debería llamarle la atención, o un pequeño reto quizás
pero no puedo evitar ser cómplice de sus travesuras.

De un anciano a su niñez



Mis ojos grandes miran al cielo.
Buscan al menos, una sola estrella,
buscan a través de las distancia y los años
Quieren hacer verdad las mentiras de la infancia,
quieren hacer mentira las verdades de la vida.

Quiero ser un pirata

Todos tuvimos sueños de niños, el mío era ser un temido pirata.
Soñaba con desenterrar tesoros,
a punta de cañón saquear grandes galeones,
abordar navíos corsarios blandiendo mi espada.
Todo para secuestrar el corazón de una hermosa doncella.