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De Israel con amor


Muchos tendrían miedo pronunciar lo que vendrá a continuación porque la censura y el miedo es grande, manipuladora y mal intencionada. Está prohibido hablar de ellos para los hombres pero no lo está para mí.

Mi final

Cansando de intentar; cansado de levantar una y otra vez mi cuerpo. Todos los días se repite la misma situación. Durante toda mi vida ha sido igual. Golpeado hasta la inconciencia en el mismo callejón y abandonado. Cuando mis heridas están por sanar sé que pronto vendrá la próxima golpiza. No puedo defenderme, ya no tengo fuerzas…
Les es divertido destruir lo que logré con tanto esfuerzo, pegarme en el suelo, arrancarme los dientes con una certera patada en la boca.
Siempre se retiran con algún trozo mío levantándolo sobre sus cabezas cual trofeo.
Yo no quería esto, no lo merecía. Lidié para que no sucediera, lo intente todo; incluso ocultarme en las alcantarillas… pero no pude evitarlo.

Las puertas de mi corazon



Quiero arder en el infierno quiero que ardan mis pecados
Satanás llevame contigo quiero estar siempre a tu lado
dame tu dolor cobíjame en tu amargura
quémame en tu fuego hazme perder la cordura.

Preludio a los Cantos de Maldoror

Se acercó sigiloso vislumbré su cuerpo rebosante de orgullo y de un resplandor sobrehumano. Me habló al oído ordenándome escribir sobre sus senderos recorridos… sinuosos y oscuros. Sumido a su poderosa voluntad me arrodillé como signo de obediencia a su grandeza maléfica.

No pretendas encontrar en estas líneas elementos ordinarios y banales, tiene la misma profundidad del abismo infernal. Su propósito fue cuidadosamente vedado para aquel que se niega a sentir el mal correr por sus repugnantes venas, aquel que tiñe el corazón de la misma forma que el alquitrán.

Enferma Obsesión

Ella, una joven hermosa. Tenía una sonrisa brillante y cautivadora. Un mirar intenso y un cuerpo entre niña y mujer. Él, mucho menos llamativo, se acercó esperando ser rechazado. Era demasiado bonita para alguien con sus pobres características. Pero aún así, era dueño de una fuerza autentica e impetuosa. ¿Pero quién, acaso, prestaría atención a ese detalle?

Confesión de maldad

“Mi poesía consistirá, sólo, en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia
salvaje, y al Creador, que no hubiera debido engendrar semejante basura.”
Comte de Lautréamount




Vastos espacios, infinitos desiertos se despliegan hasta el horizonte que nunca existió. Cayendo eternamente en un vacío Aleph, no hay tiempo, nada tiene precedentes. Mi pensamiento merodeó por caminos arbitrarios; pero ya no más, ansío algo diferente, algo nuevo. La soledad fue demasiada, debo escapar de mi propia maldición.

Crear seres, esclavizarlos y para jugar con ellos, la crueldad ayudaría a la diversión. Prometerles mil y un maravillas para decepcionarles luego… eso me distraería pero no es suficiente.
Quisiera que sintieran la felicidad de tenerlo todo, aunque sea por unos instantes, y arrebatárselos después. La congoja será aún mayor, porque no hay quien aprecie lo que no conoce; el valor se adquiere sólo cuando se pierde lo amado. Pero si otra persona te lo quitase el remordimiento no alcanzaría, es necesario fabular la culpa en ellos para que lamenten la falta durante toda su existencia.
Mi mano guiará hacia la perdición a los hombres. Creerán ser libres y se angustiarán por las consecuencias de sus actos; a esa mentira la llamaré “libre albedrío”.

Luego de su aparente desobediencia podría condenarlos a muerte para demostrar mi justicia divina… pero sería muy sencillo; le falta algo que realmente los conmocione en sus entrañas, que atormente sus almas. Argumentando piedad les arrebataré todo los dones que mi mano generosa les dio y se enfrentarán a las aflicciones que yo habré plantado en ese mundo también creado por mí.
Terremotos y catástrofes sin límites, ciudades devoradas por lluvias de fuego y la gran inundación que dejará diezmada a la humanidad. Enfermedades y hambrunas llevarán al hombre a la más abyecta de las miserias; desearan la inexistencia.
Hermanos enemistados a muerte por un trozo de algún animal sin vida, imposible de identificar por su estado de putrefacción. Ese pictórico retrato realzará el sabor de mi festín, del que disfrutaré mientras degusto cada detalle de tal barbarie.

Pero todo aquello no bastará; mi ambición necesita más. Sembraré semillas de odio y desprecio en los corazones de los hombres. Quienes cosecharán guerras sin piedad. Correrán en círculos. Abrumados, no tendrán donde escapar de su propia e ilimitada maldad. Encontrarán efímera paz proclamando héroes a pobres mutilados de los cuales se olvidarán poco después. Imagen tan triste como aquella en la que el hambriento encuentra una moneda en uno de sus andrajosos pantalones; suficiente como para saciar el estomago por unas horas pero pronto el crujido del vientre azotará de nuevo.

La parte más bella será que, a pesar de ser el culpable de todas sus desgracias, me presentaré frente a ellos, curaré algunos enfermos y haré milagros. Seré su esperanza y su salvador. Escucharé sus males, mi alma se quebrará cual cristal al oír tanto sufrimiento, tanto dolor; me acongojaré con ellos y fundidos en un eterno abrazo lloraremos juntos. Seré amado por quienes habré dañado sin clemencia. No hay nada que supere ese sublime sentir.

Pondré en ellos todas las pasiones posibles, odio, venganza, amor, temor, envidia, ambición, lujuria… no faltará ninguna. Presentaré mis mandamientos, las cuales prohibirán todo lo que yo he puesto en sus corazones.
Nunca podrán sentirse seres realizados y completos. Siempre la carencia los atormentará, porque nadie puede cambiar su esencia. Nunca un grosero buey podrá transformarse en un noble corcel, ni yo en un ser misericordioso. Por eso vivirán sumidos en la más profunda frustración.

Mi mano derecha, podrida y corrupta, estará presente en todos los puestos de poder… la llamaré mi gran ramera. Inculcará el sentimiento de culpa en cada ser humano. Se inmiscuirán hasta en la intimidad de todos, nadie podrá siquiera disfrutar de sus partes íntimas, porque serán censuradas y destinadas a la vergüenza.
Esa premeditada manipulación será transmitida de generación a generación…
Aún así, me venerarán. Creerán que todo lo bueno vendrá de mí; y lo malo de mi hijo más hermoso, quien es orgullo fiel de su padre. Encontrarán la forma de explicar todo el universo usando nuestros nombres... creerán por fe la más irrisorias e hilarantes afirmaciones.
Ridículamente harán imágenes de mí. Tendré mil apodos, todos sinónimos de amor.

Esto sólo será el comienzo. Cada seudónimo tendrá su propio ejército. Comenzará la gran masacre… asesinos proclamando mi nombre en batalla, alzando graciosos símbolos como estandarte por los siglos de los siglos. En un eterno juego sin fin, sin respuestas. Confundidos por su propia idiotez. Guiados por líderes dementes en los cuales yo habré puesto la locura dentro de sus cabezas, tan meticulosamente como un escultor que transfigura el mármol según sus deseos. Los llevarán a la más nefasta perdición y quien se niegue a formar parte de mi plan divino, arderá por siempre en el fuego eterno del abismo infernal que yo mismo habré de crear.

En fin, el destino está escrito por mi mano implacable.

Con la más exquisita precisión, iniciaré mi obra:
“En el principio creó dios los cielos y la tierra…"

Hágase mi voluntad.

Jorge Kagiagian

Claridad

"No es bueno que todo el mundo lea las páginas que siguen; sólo algunos saborearán sin peligro ese fruto amargo" Conde de Lautréamont



Al fin veo completamente claro. Todo cobra sentido.
El bien, el mal, la traición y la lealtad son el anverso y el reverso de la misma
moneda.
Primero fue un juego enfermizo y psicótico .
Luego un desafío. No podía perder, nunca lo podría permitir.
Hoy es una perpetua obsesión. No duermo. Mi mente no se despoja de ese único
pensamiento.
Tengo tantos sentimientos encontrados que no logro identificar ninguno.
Lo que sí sé es que duele. Mi alma sufre.
Este siniestro juego llenó mi vida de enemigos.
Debo destruirlos. Es lo mejor para mí, aunque todo sea, tal vez, producto de una
intensa paranoia.
Pero tengo ventaja. Veo a través de las paredes.
Escucho las voces. Me cuentan todo. No hay secretos para mí.
Camino por mi habitación como una criatura enjaulada.
Estoy alerta. Estoy preparado. Estoy esperando.
¿Cuándo fue que todos viraron? Todos menos yo. ¿Cuándo perdieron el camino?
Soy yo el único que puede devolverle al mundo su rumbo. Es mi misión, mi
mandato.
Ciegos que no quieren ni saben ver. Prisioneros de la insignificancia de lo
cotidiano.

¡Me ascendieron! ¡Gané mucho dinero! Vacía y volátil felicidad.
Están muertos, no lo ven. Viven vidas sin sentido ¡Sin nada!
Daría lo mismo que vivieran o no. Yo debo encarrilarlos o eliminarlos.
Aun así los envidio, no existe felicidad para mí.
Afortunados quienes tienen dioses. Ahogados en mi mismo fango, viven fantasías
de dicha y bienestar. Sus divinidades les dan esperanzas.
Veo todo claro, ese es mi castigo.
Mi vida es infeliz y desesperanzadora. Soy consciente de mi miseria.
Pero la lucha saca lo más poderoso de mí.
Manipular a otros seres cual titiritero. Jugar a ser el dueño de sus vidas. Saber que
puedo apagarlas cuando quiera.
Quiero matar a quienes me dañaron, a quienes me trajeron aquí.
Dibujar las paredes con su sangre. Violar a sus mujeres. Educar a sus hijos como
sus enemigos. Vestirme con sus pellejos. Usar sus caras como máscaras y
representar mi satírica comedia. La abominación y el asco estarán presentes en cada
acto.
El odio me motiva, el dolor me guía.
Grito, aúllo de agonía. Nadie me escucha, pero me reconforta saber que ningún ser
oirá sus gritos cuando sean torturados. Solo yo disfrutaré esa música.
No me detendrán. Ya no puedo parar.
Voy a salir de este lugar golpeando mi cuerpo contra las paredes blandas.
¡YO NO ESTOY LOCO, LO ESTÁS VOS!

Jorge Kagiagian