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El hombre que no era cristiano

No tenía templo ni altar.
No rezaba con palabras, ni llevaba cruz al cuello.
Y sin embargo, era uno de los hombres más justos que alguien podía encontrar.

La Mujer de los dos Caminos

 

Y sucedió en los días en que los hombres caminaban bajo el peso del imperio, y los soldados romanos vigilaban las puertas del templo.

Fue en la tierra de Judea, cuando aún hablaban los profetas en voz baja, y los pastores —que un día vieron ángeles en el cielo— ahora escuchaban su voz entre el pueblo.

Supplicatio ad Dominum Altissimum


Oh Vos, Altísimo Señor,

que moráis en los cielos y en los abismos,
en el fulgor del día y en la sombra de la noche,
escuchad, os ruego, la voz temblorosa de este siervo vuestro,
que a solas clama en medio del quebranto.