Nunca

Impetuosa, preguntas
si en verdad te he amado

Mi cielo, pregunta mejor
si alguna vez dejé de hacerlo

Jorge Kagiagian

Sospecha

Una pregunta
Un silencio
Una duda
Una Mentira
Una lágrima

Y jamás regresó
          
Una pregunta
Una mirada
Una sonrisa
Una Verdad
Un beso

Y jamás partió

Enamórame una vez más

Te elevas en la noche blanca
tus pies livianos se apartan del mundo
te alejan de mí, te llevan al edén.
Trato de retenerte, trato de no llorar.

No te vayas, por favor.

Ya no existes pero estas aquí
tu pecho dicta lo que mi corazón desea.
Ya no eres pero siempre serás
tu mirada dice lo que mi alma calla.

No me hieras, por favor.

No hay crímenes, no hay castigos
apenas vértigo y ansiedad.
No hay ángeles, ni armonías
apenas angustia y soledad.

No me dejes, por favor.

Te esperan, se oyen melodías
pronto te iras, nada puede hacer.
Cierras los ojos y tu mano se vacía
abatido en tu ausencia, nada me consuela
Ya nada importa, nada queda.

Pesa mi dolor y mi anhelo
anhelo de un último adiós, de un último beso
de un último clamor y un último sosiego
Vuelve, enamórame una vez más
Vuelve, por favor, te lo ruego.

Jorge Kagiagian

Quizás

Quizás me extrañes
o quizás no
Quizás sueñes conmigo cada noche
y mi recuerdo te desvele
o quizás no

Precio




Camino sin inciertos
vinieron de mis manos los males
                                  --- de mis propios dedos traicioneros
Lo arroje y murió contra el suelo   
bella como la sangre que brota
Estigma de los clavos que tallé

Soledad





Con inmóvil temple
escondiendo mis lágrimas
pretendo ser quien no soy
darle de comer al vacío sin fin
Su dedo acusador me señala

Ella y los Otros


En las tierras donde las montañas reinan y el ojo antiguo todo lo observa.  El viento azotaba las casas; todas dormidas, todas menos una. El cielo oscuro de la noche fue un frío testigo. Una mujer joven proveniente de una familia humilde cerraba su mano curtida tratando de aferrarse de algo o de alguien. En el espacio ausente, apretaba sus dedos agitados. Cerraba los ojos con fuerza para, así, engañar al dolor. Respiros entrecortados y consternados. De su vientre se asoma entre alivios, llantos y risas silenciosas el rostro de la nueva generación.  Una niña tan hija de su madre como de su tierra.  La piel oscura como la de su pueblo. Su sangre cuenta mil historias. Cabellos lacios y negros. Sus ojos infinitos como el de un puma que espera.

Cuando desnuda














Cuando desnuda
te bese
mi pecho contra el tuyo
y mi mano recorra tu cuerpo
mi vientre, tu vientre
mi intimidad en la tuya.

Sin más que amor
no habrá celos, ni recelos
Sin pasado, ni futuro
solo el instante inmóvil
Hambre de tu cuerpo
Sed de fuego

Desde la primera vez...













Si te dijera que besarte fue haber alcanzado un antiguo deseo de mi alma
Si te dijera que jamás me he atrevido siquiera a imaginar el sabor de tu boca,
ni el de tus pechos desnudos, ni tu respiración agitada en mi cuello

Amor Inconfeso



Bensando tu boca

en otros mundos,

abro los ojos,

aún el sabor,

aún la humedad. 

Tus labios de frambuesa

despiertan un voraz anhelo.


Mírame, llévame a la locura 

el fervor de tu cuerpo

enciende mi alma.

En las noches frías, 

ardamos juntos.

En las noches frías,

iluminemos al sol.


Flecha súbita,

inaudita,

relámpago cándido

y fugaz,

infinita estrella de tu rostro,

naufrago en el mar de tus ojos.


Tú, amante de ensueño,

yo, facineroso bandido,

inmerecedor de tu intimidad.

El silencio, crimen sin perdón.


Jorge Kagiagian














Version old 

Bensando tu boca en otros mundos
abro los ojos, aún el sabor
aún la humedad, tus labios de frambuesa
despiertan como voraz anhelo

Flor Mía
















La flor se marchita lentamente, muere casi sin darse cuenta.
Otrora orgullosa, recuerda la tragedia de su juventud.
Su primer pétalo cae, junto a él, la ilusa eternidad.
Mientras añora el pétalo rendido, otros ya prontos están.

5 minutos más


















El sol se asoma como tus ojos por sobre las sábanas
Reticentes, remolones
Solo 5 minutos más

Día tras día















Cada día mi cuerpo se levanta por la mañana; el resto de mí queda hundido, clavado, atascado en esa misma cama. Pesan los años, no parecen demasiados pero están tan cargados de ti, tan vacíos de ti.

Amalgama

En el mundo hay cosas que siempre van de la mano:
el Sol y la flor
el acantilado y el mar
el atardecer y la nostalgia

hay manos que jamas debieron haberse soltado
como la tuya y la mía.

Jorge Kagiagian
Dedicado a Abril Ayelen Gomez

Version 2

En el mundo hay cosas que siempre van de la mano:
el Sol y la flor
el acantilado y el mar
este atardecer y mi nostalgia

Hay cosas que siempre deberían ir de la mano....
Como tú y yo

----

En el mundo hay cosas que siempre van de la mano...
El pan con manteca
La pizza con faina
La ceja con cachete

:)





En el mundo hay cosas que siempre van de la mano:
el Sol y la flor
el acantilado y el mar
el atardecer y la nostalgia

Indecoro


Obstruyó, presionando con un dedo por afuera de su nariz, una de sus fosas nasales y como quien toma una larga respiración antes de sumergirse en aguas profundas, así él tomó aire y selló su boca.  En menos de un segundo, expulsó todo lo inhalado por la fosa nasal que quedaba sin cubrir. Como un cometa elegante que viaja por el espacio universal, su mucosidad atravesó la distancia que nos separaba llegando infame a mi rostro. 

Amor Peronista

De sus problema me hablaba ella
mientras un gluteo yo me rascava
relatos sobree su alma triste
mientras yo olia mi mano

Inocencia


La ropa resbala de tu cuerpo
Vistiendo el suelo
Tu frente a mí
Toda sonrojada
Toda inocente 
Toda Mujer

Jorge Kagiagian

Mi ángel ausente


Como milagro llegaste a mis brazos
tan pequeña como sol de primavera
y el adiós fue como frio de invierno
…ay, tan pequeña…

Ilusión




Ilusión

En mi rostro, tu mano;
tus ojos punzantes,
tu pupila en la mía,
caricias que estremecen.
La ansiedad tiembla,
tiembla de miedo.
Miedo de darlo todo,
sabiendo certero que "todo"
jamás colmará
los arrebatos de una ilusión.
De una ilusión que aprende a vivir.

Imparables, escurridizos,

¿Por qué la lluvia me causa tanta nostalgia?

¿Por qué la lluvia me causa tanta nostalgia?
¿Será, quizás, porque sé que cada gota ha venido de las nubes? Quizás una de esas gotas se evaporó del mar. Quizás haya viajado por el río, haya sido humedad en una almohada que ha sido lavada en un arroyo. Quizá, esa gota, fue una lágrima que salió de su mirar. Una gota que ha entrado en ella al beber. Una gota que fue su sangre, su cuerpo, su corazón... quizás, en una noche de tristeza y soledad, esa lágrima fue su alma.

TR

Oirás mi nombre
la ira, el asco y la vergüenza
colmarán tu mente hasta desbordarla
Vomita tu decepción sobre mí

Súplica de un condenado


Siento el vértigo, el miedo
Me resisto, de mí ya no depende
a una fuerza superior sometido
Me atrae, me arrastra, me consume
De esta pesadilla, despertaré... tan solo
frente a mi realidad tan dolorosa como justa

Alma Mía


Se despertó aquella mañana junto al cuerpo sin vida de la mujer que la noche anterior había amado. Cuerpo que sin vida estaba durante el acto de amor.
Fueron muchas las noches que siguió amándola en el más estricto secreto. El tiempo inclemente que solo sabe ir hacia adelante descomponía el cuerpo muy lentamente.

Carta para Elen


Amor de mi vida:

                       Se que han habido momentos difíciles, que todo ha sido complicado. Que la decepción se hizo presente en muchas oportunidades; palabras hirientes llenaron nuestras bocas y las lanzamos al otro con enfado. Hemos desperdiciado tanto tiempo, tanta energía. Pero aún así no quiero dejar de amarte, no quiero que irme de tu vida. No sé como vivir sin vos, aunque no nos veamos seguido, estás siempre en mi mente y todo lo que hago siempre esta inspirado, motivado en vos, en hacerte sentir bien y que veas en mi el hombre que siempre quisiste. Soy adicto a tus manos, adicto a tu boca, a tu cuerpo, a tu mirada, a tus palabras, adicto al resplandor de tu alma.

Como ser mejor persona en 3 palabras

Ser paciente te ayudará a no desesperar.
Ser versátil te permitirá adaptarte a cualquier situación.
La compasión te hará grande.
Escuchar más y hablar menos te hará sabio.
La humildad te hará querido.

Nostalgia


Dormir me gustaría junto a ti
descendido de las alturas, tu cuerpo
tus brazos, el calor de hogar
Tus nubes, no más que recuerdos

Donde quieras que estes


Donde quieras que estés


Como lanzando una moneda, rogando al destino ahí fue esta botella. Buscando, quizás en vano, llegar a las manos de quien sepa valorar esta empresa, quien busque tal como yo la persona indicada a quien amar.

El tiempo encerrado en una botella, deseo inmutable, atrapado hasta quien ose destaparla, y ese valiente has sido tú. Y como cuál genio cumplidor de deseos mis palabras saldrán para llegar a tus ojos y quizás a tu alma.

Fueron kilómetros incontables. Arrastrada por las olas girando y volteándose innumerables veces como cuál reloj de arena que en cada giro la esperanza vuelve a comenzar. Es inevitable que luego de la esperanza llegue la decepción y que de nuevo la decepción vuelva a ser esperanza.

Los días envejecen, serán eternidad. Mi cuerpo quizás haya sido vencido por los años, pero estas palabras no; no la energía, que yace en mi cuerpo, impulsada por el anhelo de encontrarte, aunque sea después de mi muerte.

Sé que existes. Sé que estas en algún lugar. El amor por mí está dentro de ti solo déjalo brillar y será el faro que me guíe.

Esta botella sucumbida por las fuerzas del mar fluyó bailando la melodía del destino junto al cortejo del vaivén de las aguas; cruzó el mundo incansable. Así debe fluir tu corazón para que mi mano pueda tomar la tuya y la tuya tome la mía así nunca jamás sentiremos soledad en nuestros corazones.

Dime: ¿eres tú?

Jorge Kagiagian

Jardín de Invierno


Después de aquel día las pocas mariposas quedaron atrapadas en el jardín de invierno. Aquel jardín oscuro y, tal vez, demasiado frío. Atrapadas, ahí, ya sin fuerzas para volar.

La leyenda del ave y el niño


Hace muchos miles de años, y miles más. En un lugar muy, muy lejano. Cuando los animales aún hablaban con los hombres, cuando los hombres aun trataban a los animales como sus amigos, nació una historia de amistad entre un niño y un ave. Una historia que ha sido rescatada del olvido; fue contada de un animal a otro durante muchos, muchos años. Viajó de boca en boca, de pico en pico. Viajó en los hocicos de los lobos y dicen que hasta un elefante lo recitaba escondido en la copa de un árbol. Un día llegó a los oídos de los hombres, y ellos, también, la contaron a sus niños antes de que fuera la hora de cerrar los ojos para dormir.

Besar es Obligado


El tiempo es muy lento para los que esperan
muy largo para los que sufren,
pero para quienes aman, el tiempo es eterno.
Amar no es pedir; es dar hasta vaciar el alma
es dar lo que no se tiene y aún así seguir dando.

San Valentín


Estaré allí, en San Valentín
aunque no me hables y no sepas de mí
no me veas, ni seduzcas
de forma imaginaria, de forma espectral
estaré allí, estaré contigo.

Dime

Dime ¿Deberíamos ser como estos edificios
que se ven el uno al otro desde la distancia
sin que ninguno pueda acercarse?

Progreso



Progreso 


Camino hacia mi casa, tranquilo; nada me distrae. Siempre contemplo el panorama. No tiene nada especial, un paisaje citadino, personas, palomas, el cielo un tanto gris, gracias a la enorme cantidad de autos, publicidades luminosas y el pavimento; mucho pavimento y cemento. Cemento, más cemento, demasiado… .


Yo nací en esta misma ciudad, en aquel entonces, un pueblo pequeño. De niño caminaba estas mismas calles; eran de tierra. Las casas no eran monstruos gigantes espejados, capaces de hacer doler el cuello al seguirlos con la vista. No, no lo eran, sino pequeñas. Algunas, muy pocas, tenían un segundo piso que usaban, generalmente, para tender la ropa. Todas tenían un pequeño jardín al frente y detrás de la casa, un espacio lleno de árboles, algunos frutales y el limonero inevitable; un pequeño paraíso a tan solo unos pasos. Allí realizábamos las comidas familiares de cada domingo al mediodía y donde cada verano armábamos nuestra pileta de lona.


Es imposible olvidar aquello. Todo el verano en pantalones cortos, sin remera, saltando y jugando en esa pileta. Inflando pequeños globos de colores que, trepados en el árbol, en ese hermoso árbol, de la puerta de mi casa, arrojábamos sobre los distraídos.


Pero desafortunadamente, de forma muy lenta, comenzaron a llegar a nuestro pueblo empresas de toda índole. Cadenas de comida rápida que ofrecerían hamburguesas y papas fritas nada saludables, cafeterías con grandes técnicas de mercadeo que lograrían vender sus productos malos a precios muy altos. El almacén de toda la vida cerró luego de que las cadenas de supermercados, minimercados, cadenas de quioscos atosigaran sus cuentas. Hasta la farmacia de turno es ahora un lugar de ventas de productos de bazar y golosinas que ocasionalmente vende algún medicamento.


Comenzaron llegar maquinaria pesada necesaria para construir edificios. Excavadoras, grúas, pavimentadoras. Transitaban las calles de tierra como si fuera un desfile militar. Lo recuerdo bien, fue en abril. No le di mucha importancia en aquel entonces. Ya era adolescente y tenía una novia, así que encontraba cómo ocupar mi tiempo y, además, nos encontrábamos en pleno otoño. Pero llegado el verano, me encontré rodeado de esos edificios sin colores, que se yerguen sobre lo bello, aplastando la naturaleza y le ponen precio a todo. Mi patio trasero quedaría para siempre privado de toda luz y las innumerables ventanas harían de mi privacidad algo inexistente.


De esta manera, llegó el progreso a nuestro pueblo. De unos pocos habitantes ahora seríamos muchos miles. Desde entonces, caminaría por la calle y ningún rostro me sería familiar. No sabría sus nombres y quizás, jamás los volvería a ver. Nadie me saludaría a los gritos desde la vereda del otro lado de la calle, ni tendríamos una conversación cortés y amena a viva voz. Ya no sería apropiado.


Mis padres fallecieron poco tiempo después. Vieron morir su casa soñada. Sin luz, las bellas plantas y árboles del jardín, y el paraíso del patio trasero no encontraron forma de alimentarse y sobrevivir. Las máquinas enormes y las vibraciones constantes de las empresas constructoras agrietaron las paredes y la lluvia hizo el resto. La casa de mis padres, ahogada definitivamente en la frialdad del cemento gris. No tuve otra alternativa que venderla por una cantidad miserable de dinero. Sí, tuve que vender la casa en la que me crié, la casa de mis padres, la casa de mi niñez, donde dije mi primera palabra, di mi primer paso, donde mi padre me cobijó y mi madre me amó, donde jugué con mis amigos, donde di mi primer beso a la vecinita de enfrente bajo la sombra de ese hermoso árbol, donde mis padres me gestaron, donde me hice niño, adolescente, donde me hice hombre.


Ya nada queda de todo eso, sino un recuerdo, solo nostalgia. Mi casa fue arrasada por una siniestra retroexcavadora, esa inconmovible garra de metal; desmembrada, mutilada hasta el irreconocimiento. Solo queda ese árbol de la puerta de entrada que ya no existe.


Hoy trabajo en un banco, una empresa multinacional, el mismo banco que ha embargado las casas de muchos de mis vecinos y amigos que tuvieron que irse de este lugar en busca de suerte en otros pueblos donde sus habilidades campestres aún fueran útiles, pueblos que encontrarán, también, el progreso. El mismo banco que ha construido, sobre los cimientos de mi casa, una moderna sucursal de su imperio económico.


Cada día, antes de ingresar, coloco mi mano sobre la corteza de ese hermoso árbol de mi niñez, respiro profundo, fuerzo una sonrisa y entro a trabajar.


Jorge Kagiagian



Version old

Camino hacia mi casa, tranquilo, nada me distrae. Siempre contemplo el panorama. No tiene nada especial, un paisaje citadino, personas, palomas, el cielo un tanto gris gracias a la enorme cantidad de autos, publicidades luminosas y el pavimento; mucho pavimento y cemento. Cemento, más cemento, demasiado… demasiado.

Adíos


Mirarte como quien ve un milagro
Besarte como un niño que descubre el amor
aullando tu nombre al firmamento
Te encerré en un sueño, jamás te dejaré ir

Abril




Una noche tomó sus cosas y se fue, mi indiferencia lo permitió.
Se fue, no miró atrás... solo se fue.
Y yo allí, sabiendo que no volvería.
Nada hice para evitarlo.