El cielo de primavera y el color de una flor
Ella era ciega
Narradora de ilusiones traicionadas y sueños moribundos.
Combinados, como por arte de alquimia, lo despreciable con lo hermoso juntos en el mismo compás.

Bensando tu boca
en otros mundos,
abro los ojos,
aún el sabor,
aún la humedad.
Tus labios de frambuesa
despiertan un voraz anhelo.
Mírame, llévame a la locura
el fervor de tu cuerpo
enciende mi alma.
En las noches frías,
ardamos juntos.
En las noches frías,
iluminemos al sol.
Flecha súbita,
inaudita,
relámpago cándido
y fugaz,
infinita estrella de tu rostro,
naufrago en el mar de tus ojos.
Tú, amante de ensueño,
yo, facineroso bandido,
inmerecedor de tu intimidad.
El silencio, crimen sin perdón.
Jorge Kagiagian