Aquí estoy ¡Mírame!
Narradora de ilusiones traicionadas y sueños moribundos.
Combinados, como por arte de alquimia, lo despreciable con lo hermoso juntos en el mismo compás.
Ideología versus Ciencia
Sin inhibición alguna, como seres prístinos, descubrieron sus desnudeces y, frente a todos los presentes, defecaron en el suelo de la sala magna. El beneplácito eco de los aplausos del decano resonaron en toda la universidad...
Una flor, una carta, un adiós (Novela Corta)
Baile de Máscaras
Ella por Siempre
“Hace algunos años, demasiado tiempo ya desde que ocurrió lo que voy a contar.
Espero de corazón que disfrutes de esta historia; de no ser así, será, al menos, válida para mí para reencontrarme en el recuerdo con quien cambiaría mi vida para siempre.”
Carla y yo aún no nos conocíamos, de hecho, ella no era Carla ni yo, quien soy.
Mi vida siempre ha sido acompañada por el amor a los animales y los insectos. He tenido todo tipo de mascotas durante mi niñez. Mis más recordados son un perro “El Negrito”, “Popotito”, un caracol de agua (con su infinita progenie), y un sapo que había encontrado en un charco en su estadío de renacuajo. He tenido otros perros, pero mi madre siempre ha detestado a los animales a causa de su obsesión por la limpieza. Por eso, muchas de mis mascotas fueron regaladas a los pocos días de arribar a la que era mi casa; he llorado tantas veces porque yo era niño y me enamoraba rápidamente de esas criaturitas. En cuanto me fui a vivir por mi cuenta, decidí tener mi propio perrito.
Estuve buscando refugio de animales durante unos días. En aquel entonces, la información se obtenía rastreándola: yendo de veterinaria en veterinaria, llamando por teléfono. Preguntando, llegué a una mujer que tenía algunos perros para regalar. Me dio la dirección del refugio. Estaba a más de 50 kilómetros de mi casa. Pero era tanto el amor que tenía para dar que no me importó.
Tomé el tren a la ciudad de Escobar, luego de casi una hora y media llegué a la estación. Caminé unas diez cuadras y allí estaba, frente al refugio. Con unas palmadas, llamé a la puerta y fui atendido.
La señora, quien me parecía muy mayor (era más joven de lo que yo soy hoy), me llevó a recorrer el lugar. Me mostró varios perritos, pero ninguno me había gustado. Sí, es verdad, en aquel entonces la apariencia era para mí muy importante... y no sólo eso, sino que quería obstinadamente un perro macho. Por este motivo, fuimos a unas cuadras donde había unos perritos que estaban prontos para regalar. Una vez allí, vi uno, parecía un zorrito. Absolutamente hermoso. Me lo llevé, acompañé a la señora nuevamente al refugio y nos quedamos charlando.
Cuando, de súbito, se escuchó el aullido de unas ruedas frenando desquiciadamente. Un automóvil en la esquina, una caja de cartón sale arrojada por una ventanilla como si de basura inmunda se tratase. Unos niños que, por obra divina del destino, allí estaban, tomaron la caja y vinieron corriendo al refugio.
Dentro de la caja, dos perritas, una negra y blanca, y otra toda marrón claro. Sacaron a las dos perritas de la caja y las dejaron caminar libremente por la vereda de tierra. Ambas estaban en el más deplorable estado: sarnosas, llenas de parásitos, pulgas y garrapatas. La negrita tenía en su cuello una cadena tan desproporcional a su cuerpo que la obligaba a arrastrar la cabeza en el piso al caminar. Si te dijera que mis ojos, aún hoy, se llenan de lágrimas de indignación…
Acostumbraba, yo, a usar calzado abierto tipo sandalias. La perrita negra, una vez en el suelo, vino directamente hacia mí, ignorando a todas las demás personas. Lamió el dedo gordo de mi pie. La miré desconcertado mientras cargaba al perrito que había adoptado apenas unos minutos antes. Le pedí a la señora que sostuviera al perrito para poder tener las manos libres. Tomé a la perrita negra y la alcé: quise verla de cerca. Sacó su lengua rosa, tan pequeña como la más pequeña de las monedas, y lamió la punta de mi nariz. En este punto, no alcanzan las palabras para describir cómo mi corazón se acongojó, como si mi corazón se deshiciera de tristeza y amor. Verla tan enferma y con tanto cariño exclusivo para mí, me comprometió. Y decidí no adoptar al primer perrito. Lo recuerdo bien, le dije a la señora: “Discúlpame, esta perrita me necesita más.”
Luego me daría cuenta de que era yo quien siempre habría de necesitarla.
Una vez en mis brazos y absolutamente enamorado, fuimos a la estación de tren nuevamente. Allí, sentados en el piso, comencé a buscarle un nombre. Siempre he gustado de los nombres masculinos modificados para ser femeninos, Roberta, Guillermina y otros como estos. Una pared pintada con letras gigantes sería la señal para bautizar a mi perrita, “KARLA” proclamaba la pared de forma categórica. Luego de pensarlo un poco, la llamaría de esa manera con una pequeña modificación: Carla; nombre que he pronunciado millones de veces, incluso muchos años después de que ella fuera llamada a ser una estrella en el cielo eterno del recuerdo.
Jorge Kagiagian
Desquita tu ira…
Di los insultos más crueles, destruye mi dignidad
Arroja, contra mí rostro, todo lo que tengas a tu alcance
Pégame a puño cerrado, no detengas sin ver mi sangre
Continúa, sin piedad, hasta que te quedes sin aliento...
Los Escritores
como, así, cada uno de sus personajes.
Esos seres desdichados productos de la imaginación no se percatan
que repiten la misma rutina, los mismos éxitos, los mismos errores.
Mírame
Las estrellas, el paraíso y tu alma buena
En tu ojo izquierdo el resplandor de la pasión
La locura, el infierno y tu cuerpo sediento
Tu Cuerpo
Quiero besarte con locura y poseer tu cuerpo escultural
Serás lujuriosa y obscena, una lívida amante
Depravando nuestros seres hasta el amanecer
Silencio y Dolor
Le hice daño, lo sé
Herí su confianza, lo sé
ya, en su boca, no hay sonrisas
Aun así, me ama, lo sé bien.
Sueño con la voz…
Una voz tan blanda y delicada
En tono dulce y cariñoso, me dice al oído:
"Aquí estoy, nunca me fui..."
Si fuera...
bastaría con mirarte a los ojos.
Escrachados
"Si", repliqué con entusiasmo.
"Presta atención: El poder lo tienen aquelles que no puedes criticar"
Y, en ese instante, caí en la cuente de que ya era demasiado tarde.
Nenita linda…
Tú, Mujer
Enamórame una vez más
tus pies livianos se apartan del mundo
te alejan de mí, te llevan al edén.
Trato de retenerte, trato de no llorar.
No te vayas, por favor.
Ya no existes pero estas aquí
tu pecho dicta lo que mi corazón desea.
Ya no eres pero siempre serás
tu mirada dice lo que mi alma calla.
No me hieras, por favor.
No hay crímenes, no hay castigos
apenas vértigo y ansiedad.
No hay ángeles, ni armonías
apenas angustia y soledad.
No me dejes, por favor.
Te esperan, se oyen melodías
pronto te iras, nada puede hacer.
Cierras los ojos y tu mano se vacía
abatido en tu ausencia, nada me consuela
Ya nada importa, nada queda.
Pesa mi dolor y mi anhelo
anhelo de un último adiós, de un último beso
de un último clamor y un último sosiego
Vuelve, enamórame una vez más
Vuelve, por favor, te lo ruego.
Jorge Kagiagian
Precio
--- de mis propios dedos traicioneros
Soledad
Ella y los Otros

En las tierras donde las montañas reinan y el ojo antiguo todo lo observa. El viento azotaba las casas; todas dormidas, todas menos una. El cielo oscuro de la noche fue un frío testigo. Una mujer joven proveniente de una familia humilde cerraba su mano curtida tratando de aferrarse de algo o de alguien. En el espacio ausente, apretaba sus dedos agitados. Cerraba los ojos con fuerza para, así, engañar al dolor. Respiros entrecortados y consternados. De su vientre se asoma entre alivios, llantos y risas silenciosas el rostro de la nueva generación. Una niña tan hija de su madre como de su tierra. La piel oscura como la de su pueblo. Su sangre cuenta mil historias. Cabellos lacios y negros. Sus ojos infinitos como el de un puma que espera.
Cuando desnuda
Cuando desnuda
te bese
mi pecho contra el tuyo
y mi mano recorra tu cuerpo
mi vientre, tu vientre
mi intimidad en la tuya.
Sin más que amor
no habrá celos, ni recelos
Sin pasado, ni futuro
solo el instante inmóvil
Hambre de tu cuerpo
Sed de fuego
Desde la primera vez...
Si te dijera que besarte fue haber alcanzado un antiguo deseo de mi alma
Si te dijera que jamás me he atrevido siquiera a imaginar el sabor de tu boca,
ni el de tus pechos desnudos, ni tu respiración agitada en mi cuello
Amor Inconfeso
Bensando tu boca
en otros mundos,
abro los ojos,
aún el sabor,
aún la humedad.
Tus labios de frambuesa
despiertan un voraz anhelo.
Mírame, llévame a la locura
el fervor de tu cuerpo
enciende mi alma.
En las noches frías,
ardamos juntos.
En las noches frías,
iluminemos al sol.
Flecha súbita,
inaudita,
relámpago cándido
y fugaz,
infinita estrella de tu rostro,
naufrago en el mar de tus ojos.
Tú, amante de ensueño,
yo, facineroso bandido,
inmerecedor de tu intimidad.
El silencio, crimen sin perdón.
Jorge Kagiagian
abro los ojos, aún el sabor
aún la humedad, tus labios de frambuesa
despiertan como voraz anhelo
Flor Mía
La flor se marchita lentamente, muere casi sin darse cuenta.
Otrora orgullosa, recuerda la tragedia de su juventud.
Su primer pétalo cae, junto a él, la ilusa eternidad.
Mientras añora el pétalo rendido, otros ya prontos están.
Día tras día
Cada día mi cuerpo se levanta por la mañana; el resto de mí queda hundido, clavado, atascado en esa misma cama. Pesan los años, no parecen demasiados pero están tan cargados de ti, tan vacíos de ti.
Amalgama
En el mundo hay cosas que siempre van de la mano:
Indecoro
Amor Peronista
mientras un gluteo yo me rascava
relatos sobree su alma triste
mientras yo olia mi mano
Inocencia
Mi ángel ausente
tan pequeña como sol de primavera
y el adiós fue como frio de invierno
…ay, tan pequeña…


































